Haiku-Refrán Castellano

Al pan pan y al vino vino.
Y si no vino, es que se fue.
Y si se fue, ya no estaba.
Y si no es taba, no es cordero.
Y si no es cordero, será pescado.
Y si no es pescado, será cazado.
Y si no es cazado, no hay escopeta.
Y si no hay escopeta, no hay ápan!.
Y al pan ápan! y al vino ápum!.

Autores de este HaikuRefrán Castellano:
Sr.K + elSoka ante una mesa con pan, vino, pescado y cazado.

Banda Sonora recomendada:

  • «El que no llora no mama» x Los Enemigos – «Se Buscan Fulmontis» BSO (1999).

Olor a orín

En un intervalo corto de tiempo he coincidido con un señor de avanzada edad, con cojera renqueante, nada estilosa, como es la de House, y con un pegajoso olor a orín.

La primera vez, fue de espaldas y en el supermercado como inmediato cliente anterior a mí en la cola de la caja. Con respiraciones sonoras, metía torpemente en bolsas bricks de vino y latas de refresco de cola. Hábilmente, una vez abonada mi compra, me adelanté a él inhalando en profundidad su ácido aroma a orina. Repulsión y condescendencia fueron los sentimientos con los que salí del súper además de la sensación de oler yo mismo a orín. Sensación que me acompañó hasta la puerta de mi humilde morada.

Unos pocos días después, en una de esas visitas que todo hijo debemos a nuestros padres, coincidimos a la entrada del portal. Era reconocible a distancia por sus renqueantes movimientos al intentar abrir la puerta y por su característico olor. Iba a resultar que el señor del olor a orín era vecino de mis padres. «Tan lejos, tan cerca…». Sostuve la puerta desde desde detrás notando más profundamente su hedor. Como ya hiciera en el supermercado, me adelanté a él tras cerrar la puerta del portal sintiendo de nuevo el ya, a esas alturas, familiar olor pegado a mi cuerpo y a mi pituitaria.

*El Callejón del Pis, entre Laín Calvo y Huerto del Rey, Burgos D.F.

Tras subir los escalones que conducían a los ascensores, llegó la sorpresa. Al verlo de frente, mientras esperaba aguantando la puerta del ascensor, observé su ropa limpia (mejor planchada que la mía) y con buen gusto dentro de la moda para caballeros de cierta edad. Pero, lo que completó el desconcierto fue cuando habló y dijo algo del mal tiempo, influído sin duda por el ascensor con su puerta abierta, siempre deseoso de ser escenario de las conversaciones que llevan su apellido. Detuvo incluso su pesado andar y se apoyó sobre su bastón con solemnidad al comenzar a hablar. Su voz era clara y su mirada inteligente. Nada correspondía con la idea que comunicaba su olor a meados que aumentaba a cada paso que daba hacia mí. Fue una chispa de dignidad, como señor que era (y es, supongo). Chispa al fin, porque su olor nublaba al instante cualquier percepción benévola sobre su persona.

Compartí, hasta el segundo piso, el cubículo del ascensor y me empapé de su esencia úrea. Salió, renqueando de nuevo, a la oscuridad de detrás de la puerta del ascensor, que lo absorvió al instante. No se despidió, supongo que por mi inexistente réplica en la conversación de ascensor sobre el clima. Se fue, pero quedó su entidad. La esencia que perciben los que se cruzan con él. Hasta el sexto piso conviví con la condescendencia y repulsión que ya había sentido antes, pero ahora había una nueva invitada: la desazón. Aunque tampoco duró mucho, la verdad. El hedor no dejaba espacio a la lucidez.

En conclusión, siempre seremos lo que parecemos y, sólo a ratos, conseguiremos ser nosotros mismos.

Banda Sonora recomendada:

  • «Pelo de perro» x La Vacazul – «Pelo de perro» (1998).

*La fotografía que ilustra este texto es del callejón que comunica la Plaza Huerto del Rey con la Calle Laín Calvo en la ciudad bravía de Burgos. Es conocido en ciertos círculos como «El Callejón del Pis«, por ser el lugar donde los incontinenetes de sábado por la noche evacúan su orina. Característico por su penetrante olor los fines de semana.

Cuento de Navidad del 0 (cero)

No sabía desde cuando había existido, pero desde siempre se sentía ninguneado. Nunca ocurría algo que le hiciera relevante. Nada se relacionaba con él. Como mucho, se tenía que relacionar con los otros números para darles, paradójicamente, más valor. Los odiaba con toda su alma porque nunca le apreciaban como número entero. Algunos, como el 1, le hacían mobbing todos los días recordándole sin parar que que no valía una mierda. El pobre 0 acabó siendo un número introvertido y resentido.

Pero entonces, llegó Él: blanco y oro, como dice la canción. De madre Virgen y de padre putativo, entre pajas y cuernos nació. Tuvo las visitas oficiales de rigor y comenzó la leyenda: Jesús ese Hombre que vive como Dios… o ¿era al revés? Ese mismo día fue el principio de un cambio que a posteriori iba a hacer del 0 el número angular de la historia.

Siempre dice que no conoció personalmente a Jesús, pero que Le está muy agradecido porque gracias a Él tuvo un lugar en la historia y el tiempo. El año 0 empezó a estar en boca de todos. Los siglos empezaron a medirse según el 0 y los números negativos, que tan mala fama habían tenido hasta entonces, ya tenían función pública y social. Tiempo al tiempo y llegó el termómetro, que fue la manera de medir lo que no existe; el frío. Todos los valores negativos fueron tenidos en cuenta menos el -273, que fue despojado de su nombre cardinal y pasó a denominarse Cero Absoluto en honor al ninguneado 0.

El 0 estaba más chulo que un 8 y más subido que una potencia al infinito cuando el envidioso 1 le dijo que nunca llegaría a ser como los números enteros y reales porque nunca podría servir para denominar una magnitud. Seguiría siendo lo que era, un mero punto sin volumen, ni espacio, ni duración.

Con un cero en la cabeza

Aunque intentó disimular su abatimiento ante el hecho que el cruel 1 le había descubierto, nunca volvió a ser el mismo. Los kilómetros 0 de las capitales o ser el último de la cuenta atrás de los despegues de naves espaciales no sirvieron para animarlo. Pensó en Jesús, Jesusito, como Le llamaba familiarmente, y en cómo gracias a Él se había hecho un hueco en el mundo. Pensó en el mundo, que era esférico, redondo como lo era él. ¿No había engordado últimamente?. Pensó en el tiempo, en las horas, los minutos y segundos. Pensó en la hora 0, tan preciosa, llena de él…

Entonces se dio cuenta de que ya no era sólo un punto. Desde hacía una temporada tenía duración, tenía espacio y tenía volumen en la franja 0 de los husos horarios. Sabía que era una entelequia, pero gracias al convencionalismo el 0 había dejado de ser nada para conventirse en un número más.

Le hizo tanta ilusión sentirse un número de pleno derecho que toda parte negativa que llegó a tener desapreció. Se convirtió en el único número que no tiene equivalente negativo. Acabó siendo principio y empezó a ser final de todo. La gente lo empezó a llamar por su nombre en todos los idiomas.

En conclusión, estas Navidades pensemos en el 0, alfa y omega, principio y final. Pensemos también en Jesusito; Dios y Persona muy importante en la vida del ninguneado 0. Y por supuesto, pensemos en el Solsticio de Invierno, que se lleva celebrando desde tiempos inmemoriales. A partir de ahora vuelve la luz que nos quitó el otoño ¿hay algo más importante que esto?… Bueno, igual sí.

*Dedicado a mis contertulios de sábado. Siempre acabaré teniendo la razón.

Deseos extraños

Son las tintorerías lugares extraños. Donde la gente lava lo que no puede lavar de puertas adentro. Donde tienen monstruosas máquinas que no dejan rastro de los rastros de sangre, semen, orina y tomate que los carteles del interior indican indicar a quien te atiende. «Sí… Por este lado debe estar… Fue después de correrme y antes de derramar la sopa de tomate sobre el edredón…»

He de confesarlo, ayer en una tintorería, me desearon algo extraño. En el momento de llevarme mi saneado nórdico (Hans creo que se llama), una de las empleadas me dijo «aquí pone que falta de pago«, a pesar de que yo ya había pagado los 8 eurazos y pico con antelación.
Con una mirada de suspicacia, la otra empleada, con aspecto de ser una veterana curtida en mil batallas con clientes, tomó las riendas de la situación. Hizo caer en la cuenta a su impetuosa compañera de que el borratajo a boli del resguardo indicaba que el pago estaba hecho.

Incredibile mondo

Fue entonces, con una sonrisa y cuando yo estaba a punto de salir del establecimiento, cuando la empleada que había resuelto la situación lo dijo: «… que sea lo peor que te pase en el día …»

Joder, que me dejó con las piernas temblando. Lo dicho, las tintorerías son lugares extraños de extraños deseos.

El Hombre Sentado a la Puerta

¿Cómo era esa historia?… Ah sí, la del hombre sentado a la puerta. No sobre. No delante. No en ella. Estaba sentado como quien está sentado a la mesa, preparado, pero sin hacer nada más que estar.Hombre a la Puerta

Siempre estaba allí. Miraba a diestra y siniestra, arriba y abajo. A veces, alguien respondía a su mirada. Incluso había personas que se paraban frente a la figura sentada. Simplemente, detenían su marcha y se quedaban ahí, de pie. En ocasiones, sólo estaban un rato en silencio mirando con curiosidad al hombre y a continuación, seguían su camino. Otras veces, había personas que cruzaban alguna palabra desde la situación de atalaya que les brindaba el estar de pie. Y es que la gran mayoría no se atrevía a acercarse más. Era un hombre sentado a la puerta, demasiado extraño para estos tiempos que corren…

A pesar de todo, fueron más de dos los se atrevieron a sentarse al lado del hombre. Charlaban algunos ratos. Ratos que a veces eran minutos, otras veces horas y, en escasas ocasiones, noches enteras.

Cuando alguien le preguntaba el motivo de estar a la puerta, siempre respondía que una vez se convirtió en el hombre que toda mujer querría, pero que ninguna desearía. Un día se dio cuenta de que ya era tarde para dejar de serlo. Incluso, no recordaba como era antes de ser ese tipo de hombre.

La gente en el mundo de lejos

Desorientado, vagó buscando en los demás y sólo encontró un punto de no retorno; lo que sospechaba. Así que se detuvo y se sentó a observar al resto de personas del mundo. Quería llegar a comprender a la gente. Quería entender por qué dicen las cosas que dicen y por qué hacen las cosas que hacen. Quería comprenderlo para un día cualquiera levantarse y caminar cómodamente con la gente que pasaba todos los días por delante de él.

Cuando le preguntaban si esperaba a alguien, decía aguardar a alguien que le esperase a él. Acompañaba su respuesta con una mueca de sonrisa, bajaba la mirada y a continuación decía pero, sé que ese alguien también estará sentado a otra puerta.