Cuento de Navidad del 0 (cero)

No sabía desde cuando había existido, pero desde siempre se sentía ninguneado. Nunca ocurría algo que le hiciera relevante. Nada se relacionaba con él. Como mucho, se tenía que relacionar con los otros números para darles, paradójicamente, más valor. Los odiaba con toda su alma porque nunca le apreciaban como número entero. Algunos, como el 1, le hacían mobbing todos los días recordándole sin parar que que no valía una mierda. El pobre 0 acabó siendo un número introvertido y resentido.

Pero entonces, llegó Él: blanco y oro, como dice la canción. De madre Virgen y de padre putativo, entre pajas y cuernos nació. Tuvo las visitas oficiales de rigor y comenzó la leyenda: Jesús ese Hombre que vive como Dios… o ¿era al revés? Ese mismo día fue el principio de un cambio que a posteriori iba a hacer del 0 el número angular de la historia.

Siempre dice que no conoció personalmente a Jesús, pero que Le está muy agradecido porque gracias a Él tuvo un lugar en la historia y el tiempo. El año 0 empezó a estar en boca de todos. Los siglos empezaron a medirse según el 0 y los números negativos, que tan mala fama habían tenido hasta entonces, ya tenían función pública y social. Tiempo al tiempo y llegó el termómetro, que fue la manera de medir lo que no existe; el frío. Todos los valores negativos fueron tenidos en cuenta menos el -273, que fue despojado de su nombre cardinal y pasó a denominarse Cero Absoluto en honor al ninguneado 0.

El 0 estaba más chulo que un 8 y más subido que una potencia al infinito cuando el envidioso 1 le dijo que nunca llegaría a ser como los números enteros y reales porque nunca podría servir para denominar una magnitud. Seguiría siendo lo que era, un mero punto sin volumen, ni espacio, ni duración.

Con un cero en la cabeza

Aunque intentó disimular su abatimiento ante el hecho que el cruel 1 le había descubierto, nunca volvió a ser el mismo. Los kilómetros 0 de las capitales o ser el último de la cuenta atrás de los despegues de naves espaciales no sirvieron para animarlo. Pensó en Jesús, Jesusito, como Le llamaba familiarmente, y en cómo gracias a Él se había hecho un hueco en el mundo. Pensó en el mundo, que era esférico, redondo como lo era él. ¿No había engordado últimamente?. Pensó en el tiempo, en las horas, los minutos y segundos. Pensó en la hora 0, tan preciosa, llena de él…

Entonces se dio cuenta de que ya no era sólo un punto. Desde hacía una temporada tenía duración, tenía espacio y tenía volumen en la franja 0 de los husos horarios. Sabía que era una entelequia, pero gracias al convencionalismo el 0 había dejado de ser nada para conventirse en un número más.

Le hizo tanta ilusión sentirse un número de pleno derecho que toda parte negativa que llegó a tener desapreció. Se convirtió en el único número que no tiene equivalente negativo. Acabó siendo principio y empezó a ser final de todo. La gente lo empezó a llamar por su nombre en todos los idiomas.

En conclusión, estas Navidades pensemos en el 0, alfa y omega, principio y final. Pensemos también en Jesusito; Dios y Persona muy importante en la vida del ninguneado 0. Y por supuesto, pensemos en el Solsticio de Invierno, que se lleva celebrando desde tiempos inmemoriales. A partir de ahora vuelve la luz que nos quitó el otoño ¿hay algo más importante que esto?… Bueno, igual sí.

*Dedicado a mis contertulios de sábado. Siempre acabaré teniendo la razón.

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