El Hombre Sentado a la Puerta

¿Cómo era esa historia?… Ah sí, la del hombre sentado a la puerta. No sobre. No delante. No en ella. Estaba sentado como quien está sentado a la mesa, preparado, pero sin hacer nada más que estar.Hombre a la Puerta

Siempre estaba allí. Miraba a diestra y siniestra, arriba y abajo. A veces, alguien respondía a su mirada. Incluso había personas que se paraban frente a la figura sentada. Simplemente, detenían su marcha y se quedaban ahí, de pie. En ocasiones, sólo estaban un rato en silencio mirando con curiosidad al hombre y a continuación, seguían su camino. Otras veces, había personas que cruzaban alguna palabra desde la situación de atalaya que les brindaba el estar de pie. Y es que la gran mayoría no se atrevía a acercarse más. Era un hombre sentado a la puerta, demasiado extraño para estos tiempos que corren…

A pesar de todo, fueron más de dos los se atrevieron a sentarse al lado del hombre. Charlaban algunos ratos. Ratos que a veces eran minutos, otras veces horas y, en escasas ocasiones, noches enteras.

Cuando alguien le preguntaba el motivo de estar a la puerta, siempre respondía que una vez se convirtió en el hombre que toda mujer querría, pero que ninguna desearía. Un día se dio cuenta de que ya era tarde para dejar de serlo. Incluso, no recordaba como era antes de ser ese tipo de hombre.

La gente en el mundo de lejos

Desorientado, vagó buscando en los demás y sólo encontró un punto de no retorno; lo que sospechaba. Así que se detuvo y se sentó a observar al resto de personas del mundo. Quería llegar a comprender a la gente. Quería entender por qué dicen las cosas que dicen y por qué hacen las cosas que hacen. Quería comprenderlo para un día cualquiera levantarse y caminar cómodamente con la gente que pasaba todos los días por delante de él.

Cuando le preguntaban si esperaba a alguien, decía aguardar a alguien que le esperase a él. Acompañaba su respuesta con una mueca de sonrisa, bajaba la mirada y a continuación decía pero, sé que ese alguien también estará sentado a otra puerta.

10 opiniones en “El Hombre Sentado a la Puerta”

  1. ¿una historia de amor entre conserjes ociosos?

    ¿y no sale el villano: el afilador?

    ¿y al final se casan?

    (creo que debo dejar de “leer entre rayas”…)

  2. Yo estoy sentado en el retrete, me gustarí­a hacer un autorretrete pero me he dejado la cámara en la puerta… ¿podrí­a usted traérmela?

  3. Como os noto confusos os voy a explicar de qué va.

    En realidad, intenta representar la vacua descontextualización de la banalidad intí­nseca en los actos meramente humanos, y por lo tanto, personales sin denostar el aspecto sentimental y emotivo que toda relación filantrópica con el ente social y el individuo.

    En fin, una forma como otra cualquiera de decir que gracias por comentar y no pedirme explicaciones directas.

  4. cuando encuentre mi diccionario y pueda traducir el comentario anterior te vas a cagar…

    si es que te has metido con mi ignorancia… que no me ha quedado claro…

  5. Pues yo si que quiero explicaciones directas. Que no me ha quedao claro, aunque me ha gustao… ,mmm, bueno, no sé, … algo ha fallado en el proceso….jejeje.
    Lo de las explicaciones va en serio.

  6. Empecemos a repartir. Es la hora de los mamporros.

    CDM: Aunque parezca que no, llevo vigilando a los asnos desde hace una semana ;-P Gracias por la visita, de verdad. Espero colaborar con vosotros cuando la vida me deje en paz (algo casi completamente imposible)

    Nonsense y elSoka: No queda sino batirnos. Como siempre, yo tengo razón y vosotros no.

    Laetitia: como buen mago vergonzoso nunca contaré mis trucos en público. Cuando quieras te explico lo que quieras al calor de un café o al frescor de una cerveza.

  7. ¿Será un duelo a espada y vizcaí­na?
    ¿O acaso una sana competición basada en nuestro amplio espectro estomacal y su resistencia a los más etí­licos lí­quidos?
    ¿Al amparo de la oscuridad del rincón más oscuro de una taberna?, ¿tras varias conversaciones inconexas?
    ¿Eh?
    ¿Eh?
    ¿Inconexas?
    ¿Eh?
    áPardiez que ardo en deseos de batirme con Vuecencia!

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