Humedad en el barrio

Después de un día de calor atroz llegó una mañana nublada que a las diez empezó con txirimiri. Decían unos señores, en uno de los pocos bares abiertos ese domingo, que hacía como para ir a coger caracoles. Mirando a las alturas de los bloques de pisos en lugar de caracoles con sus cuernos al sol asomaban personas al fresco de la mañana. El calor acumulado en los pisos tras la solina del día anterior había cortado las horas de sueño de los habitantes del barrio. No eran las habituales amas de casa ni los eternos jubilados que se levantan a las ocho todos los días. Esa mañana preveraniega, eran jóvenes, no tan jóvenes, viejos y niños asomados a la caída queda de la fina-fina lluvia. Unos fumando. Otros sin camiseta. Todos mirando a la calle como si fuesen recién llegados al barrio.

Resistiendo al agua

La calle estaba tan quieta como la lluvia. Poca gente y todos los comercios cerrados. El rumor de fondo de los bares recién abiertos. Luego, la lluvia cesó. El gris del cielo se hizo intenso. Como si hubiesen abierto la puerta de una sauna, un aliento de calor húmedo acompañaba a los paseantes de la calle. Todos pensaban que no era pesadez en paso; era placidez al vagar. La humedad lubricaba la sensación seca del caluroso día anterior.

Feliz solsticio de verano.

Capiscol / Burgos – Cafetería New Park 14.06.09

Banda Sonora recomendada:
Llueve x Siniestro Total «La Historia del Blues» (2000).

En Spotify: Siniestro Total – Llueve

De la serie Vagar no es de vagos en Sr.K, del lado sano de mi cabeza
[Ver serie completa]

¿Quién vengo siendo?

En serio, ¿de verdad se creen ustedes que ese fontanero que les ha venido a atracar esta tarde es realmente fontanero? Por su hacer y actitud tiene más trazas de bandolero-pelocenicero que de experto en aguas, tuberías y saneamientos. No se confundan. No es cuestión de etiquetas, como ya dijimos en su tiempo. Es cuestión existencial.

Ante la eterna pregunta con la que se les asalta sin piedad a los tiernos infantes, la tan conocida «y tú, ¿qué vas a ‘ser’ de mayor?», no caben respuestas innovadoras. Desde pequeñito, usted ya sabía sin saberlo que ‘ser’ es trabajar. Esas tonterías del ser que hablan los filósofos son pajas mentales de vagos desempleados, oiga.

‘Ser’ astronauta, ‘ser’ bombero, ‘ser’ policía, ‘ser’ periodista en la SER es eso; quedarse tranquilo y saber que uno existe porque ‘es’. Así, no le da a usted por primero pensar y luego existir como dijo algún descerebrado. Es como el jeroglífico del huevo y la gallina, pero con solución a pie de página. Es evidente: primero fue la profesión y después el existir. Lo de pensar no sirve para ser, ya que ‘ser’, es decir, existir, consiste en ser solvente para un banco y ser un número más de cliente.

Esque-ser o no ser

Pero, no se vayan todavía. Hagan una pausa para reponerse del mareo existencial y tomen aire. Bien. Volviendo al fontanero-bandolero (y amante-bandido en sus ratos libres), teoricemos. Antes que fontanero, este elemento iba para bandolero, pero de pequeño como su respuesta a la famosa pregunta no estaba bien vista, acabó en una profesión que es compatible con sus ansias cleptómanas.

Ahora relacionémoslo con Dexter (perdón a los no-cableados), ese psicópata que consigue sublimar sus bajos instintos a través de un código de conducta creado por su padre. Ese código le permite trabajar para la ley y el orden y al mismo tiempo matar imaginativamente poniendo en práctica una ley del talión más perversa y morbosa que la original. Dense cuenta, Dexter no es más que una exageración dramática de la situación cotidiana que vivió nuestro amigo fontanero-bandolero durante su pubertad y juventud. Obligado a no decir que su ídolo era Curro Jiménez, se partía el lomo llevando herramienta de aquí para allá cuando era aprendiz. Pero, llegó a buen puerto gracias a la orientación que le dio su padre con la típica frase de «pues si no quieres estudiar, te pones a trabajar». Tienen ustedes ante sus ojos a un perfecto ser humano que es lo que debería ser y que además, según todo el mundo, ‘es’ fontanero.

Apliquénse el cuento por vía tópica. ¿Quién vienen siendo ustedes? ¿Son los que son y están los que están? Busquen al líder que llevan en su interior, al artista que se dejaron olvidado tras un fin de semana de sexo o al inventor chiflado que siempre han sido en la intimidad. Puede que se sorprendan a sí mismos y resulten ‘ser’ lo que son. Si su profesión es vocación, enhorabuena: realmente ustedes son lo que dicen ‘ser’.

Aunque, después de todo, lo natural es ser persona con personalidad propia. Pero, incluso sin bancos mediante, todos tenemos nuestro propio número strandard de personalidad a escoger entre el 1 y el 9 según informaba Verba Volant, quien nos invitaba también a hacer nuestro propio eneagrama. Si se lanzan a hacer el test, no se esfuercen demasiado para que les quede bonito. Al final, números somos y en números nos convertiremos.

Banda Sonora recomendada:

  • ¿Quién vengo siendo? x Siniestro Total «Sesión Vermú» (1997).
    http://www.seriezeta.com/k/recursos/musique/ST_sesion_quien.vengo.mp3

Dedicado a esa chica que se encontró con Sr.K buscando a Caín. Esa mujer que ahora es lo que quiso ser y que sigue siendo como hace 15 años.

VídeoTrayectos vol. XII: Una etapa en El Camino 13.11.08

sellando credenciales (san juan de ortega) – partida – botas – caminando – paso canadiense – caminando – café con leche (atapuerca) – caminando – espiral de piedras – caminando – café y refrescos – buscando bares (cardeñuela de río pico) – caminando – johansen (carpintero alemán) – bocata (castañares) – caminando – hablando en inglés sobre un puente azul – mochilas – la quinta (burgos) – cantos alemanes – el cid – albergue (burgos) – vuelta a casa – habitación sin vistas

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*Contenido extra de este VídeoTrayecto:

80 centímetros

Sólo hacen falta dos días de caminata en un extraño viaje de vuelta hacia el hogar y que no llueva demasiado para descubrir que en Alemania algunos aspirantes a ser maestros carpinteros cumplen tres años de formación académica y luego se pasan otros tres fuera de sus respectivos hogares trabajando, como quien dice, por comida y cama.

Johansen es uno de estos Wandergesellen auf der Walz – un «caminante del Walz» – al que sólo resta medio año para poder volver a su casa. La gente suele preguntarle con estupefacción si no es demasiado tiempo fuera de casa. Johansen suele coger su bastón labrado con formas que giran sobre sí mismas como si de una llama de madera sin pulir se tratase y marca con sus dos manos una distancia en el bastón. «Esto son 80 centímetros, ¿Ok?» Tras recibir la expectante confirmación de su interlocutor reduce la distancia que marca con sus manos sobre el bastón «Y esto son 3. Como ves, no es nada comparado con 80. Ahora piensa que los centímetros son años y que los 80 centímetros son los años que vas a vivir. Teniendo en cuenta que lo que aprenderé en estos 3 años de viaje me servirá para toda la vida, ¿te sigue pareciendo mucho tiempo?» Johansen sonríe. Qué cabrón. Y no tiene ni 30 años.

De chándales y hombres

Por similitudes y lugares comunes con posts recientes, hoy tratamos un tema que te preocupa a tí, que eres hombre.

En nuestro barrio, bueno, mejor dicho, el barrio en el que habitamos (que aún no nos lo hemos comprado) es costumbre ancestral lucir chándal. Chándal de día, chándal de noche, chándal de fiesta, chándal que te quiero chándal… Otra costumbre que suele tener la gente en el barrio y en más lugares del universo es la de orinar. El caso es que meemos donde meemos, al género humano masculino singular (conocido popularmente por su tendencia a cultivar la escatología) la combinación chándal-orinar le trae de cabeza. Siempre que surge la necesidad, se encuentra ante dos opciones:

  1. Sacar sólo la chorra.
  2. Sacar el gordo con las dos aproximaciones a relucir.

Claro, y es que la comodidad y el estar guapos tienen un precio. En ambos casos, la presión de la cinturilla elástica del pantalón del chándal es una molestia que ataca sin compasión a las señas de identidad más vulnerables del macho de la especie humana.

El Hombre con el Rabo de Acero Cromado nos salvará a todos. Bueno, a ti igual no.

Cuando se presiona el conjunto paquetil (no confundir con ningún conjunto músico-bocal) desde debajo del escroto, como se expone en la segunda opción, puede darse, en el caso de que la micción dure bastante, que a mitad de faena comience el conocido dolor de huevos. Para evitar esta eventualidad, siempre se tiende a llevar el elástico lo más cerca del perineo, con el sobreesfuerzo que supone tirar del elástico de los pantalones y del de los calzoncillos a la vez. Llega un punto en el que esta acción puede llegar a ser peligrosa si la goma elástica se rompe. Cabe la posibilidad, si la tensión es excesiva, de que se pueda sufrir además una mala irigación sanguínea en los glúteos.

Esta opción del todo-fuera no es aconsejable al aire libre en invierno, pero muy recomendable y satisfactoria en verano.

Por otro lado, la opción de sacarla en solitario evita la presión excesiva sobre la zona inguinal, pero si uno no la tiene bien sujeta con la mano se corre el peligro de que provoquemos el efecto catapulta, con el que regaremos de orina nuestro propio rostro y parte del baño o servicio público en el que nos hallemos. Otro de los incovenientes de esta opción es el aplastamiento parcial de la uretra que nuestro amigo el elastiquillo del pantalón puede provocar si no estamos a lo que tenemos que estar. La presión excesiva de la orina producida por la reducción del calibre de nuestra uretra crea una sensación de quemazón bastante desgradable que desde estas líneas no deseamos a nadie.

Ningún acto es casual y las cosas no suceden porque sí. Hermanos hombres, si sufrimos al mear (sin tener problemas de próstata) es porque no le damos la suficiente importancia al acto de orinar. Y digan lo que digan, los pelos del culo abrigan.

Banda Sonora recomendada:

  • «Mi agüita amarilla» x Molotov – «Con todo respeto» (2004). Versión de la canción de Toreros Muertos

Dedicado con todo mi cariño a Gloria, que tanto disfruta con mis fotos y que tanto se desilusiona cuando descubre que la bestia también habita en mí aunque no lo parezca.

Gracias a PITILLO IGOR por la excelente ilustración con la que adornó el chamizo y que ahora ilustra e ilumina esta entrada.

El Hombre con el Rabo de Acero Cromado es una creación original de PITILLO. Todos los derechos quedan revocados. Que salgan los tanques a las calles.

Una de romanos

Doméstica aplicada

Llegaba Julio César, el mismísimo Julio César, a su villa de las afueras de Roma tras varios años de campaña en las Galias sudoroso, sucio y cansado. Calpurnia Pisonis, su mujer de aquel entonces, no respondió a su «Ave!» y sólo le miró con frialdad y reproche.

Sosteniendo dignamente la mirada a Calpurnia, como sólo el mismísimo César podía hacer, contestó de viva voz a la mirada envenenada de su mujer.
– Cariño, ya sabes que sin sacrificio no hay victoria y sin victoria no hay laureles.
Su mujer, con gesto de sopresa, le replicó.
– Y tú… ¿para qué coño quieres laureles si no has cocinado en tu puta vida?

Banda Sonora recomendada:
Romanos x Los Feliz «Aleluya» (1998).

Campeando con urbanidad

El campo da alergia al urbanita, mientras que la ciudad le da alegrías. Hay mucho que mirar en el espacio que hay entre la ciudad y el campo.

¿Cuánto tiempo hace que el campo no es campo? Los maquiavélicos urbanitas – primero como domingueros y luego como desesperados compradores de viviendas-gangas – han transformado el extrarradio de las urbes – de las que dicen huir – en pequeñas farsas de microciudades en las que las incomodidades de la vida campestre son sólo folklore. Ya sea jugando con fuego con una barbacoa comprada en el carrefur o poniendo a prueba los límites de la lógica en abastecimiento de agua, el campo ha dejado de ser el «duro campo» para ser un espacio indeterminado que ni tiene lo bueno de la ciudad ni lo malo del campo de toda la vida. Como decía aquél: «Nada con exceso. Rema con mesura», pero de sobrados está el mundo lleno y el «porque yo lo valgo» es algo más que un slogan para modelos de bella pelambrera.

Campo estructurado

Aahh… la tranquilidad del campo… esa tranquilidad que tanto molesta. No hay hada que hacer: no hay videoclub, la conexión de internet es de 128 kbps y la TDT no llega hasta aquí. Tampoco es cuestión de copular como monos todo el día – que es lo que se suele hacer ante el aburrimiento – porque luego salen niños y hay que bajarlos a la ciudad a que estudien en colegio privado. Así que de follar, ni hablamos (como siempre) y de ir a la era menos, porque ahora es una urbanización con piscina.

El campo de los mosquitos, los tábanos, las heridas en las rodillas y los chaparrones que te pillan en medio de la nada sólo es para los aventureros del siglo XXI que con sus botas de goretexÃ?®, sus forros polares, sus camisetas con las que no se suda, sus bastones de aluminio ultraligero, sus gafas de mosca y su mezcla especial de aután y protección solar factor 30 se enfrentan los fines de semana a la naturaleza en estado puro del campo. Senderos señalados de dificultad técnica extra por los que se ven cosas que nunca creerías. Poblaciones genuínas «de las que ya no quedan» con una refrescante máquina de Coca-ColaÃ?® en la Calle Mayor. Asadores de piedra para hacer parrillada en pleno parque natural y disfrutar de la comida churruscada al natural. En defintiva, el campo políticamente correcto e inofensivo para el aventurero amante del campo, del todoterreno y del quad, ese gran invento para los asilvestrados.

El campo ya no es para el que lo trabaja. El campo es para el que pasa frío, se moja, se ensucia las manos y le pican los mosquitos. Puertas no le habremos puesto y quizá por eso se nos ha llenado de urbanitas campeadores.

Banda Sonora recomendada:

  • La llorona x La Polla Records – Hoy es el Futuro (1993).
    http://www.seriezeta.com/k/recursos/musique/lapolla.llorona.mp3

Tribu obliga

Vox populi est que la juventud va de uniforme. Sí, del uniforme que marca Bershka, Zara, Bennetton, Carrefour, etc. Tanto ellos como ellas exhiben sus galas en fin de semana y su fondo de armario en clase. Todo para que la tribu no haga uso de la terrible Ley del Hielo. El reconocimiento social es lo más importante cuando se es joven, aunque odies a todos los que te reconocen como cool-guay-enrollao.

Dada la importancia de la moda en la vida del joven contemporáneo, busquemos su origen. Según algunas deducciones superficiales e inconcluyentes, la moda es algo inventado por los resentidos del instituto venidos a más. Sí señora, no se me escandalice. Esos elementos que con oscuras artimañas y pactos innombrables han conseguido el poder de sentar cátedra sobre el aspecto que ha de tener el resto del universo humano.

Compréndanlos, criaturitas ¿Quién se resistiría a la tentación de poder humillar a la tía buena de insti? Tengamos en cuenta que ella se rió, humilló y excluyó a todos aquellos raros, incapaces sociales, en la jungla del insti. ¿Alguien tiene una teoría mejor para justificar la ropa de mal gusto y ridícula que se vende en los templos de la moda? Quizá sí, pero no sea tan interesante como ésta.

Bailando, me paso el dia bailandoooo...

Así que sin otra intención que superar sus traumas adolescentes, a estos gurús no se les ocurre nada mejor que obligar a las jóvenes a vestir trapos que sólo quedan bien a las niñas de 12 años o a anoréxicas cocainómanas de 30. Aunque la perfección de lo maquiavélico llega con los zapatos de tacón. Hacer andar a todas las jóvenas (y no tan jóvenas) con tacones que requieren un cursillo avanzado crea procesiones de chicas que sin ser patizambas lo parecen.

Si a este combo de vestimenta estrambótica + tacones imposibles le añadimos unas zonas de copas sitas en calles empedradas (cascos histórico-alcohólicos), conseguimos una legión de muchachas que van dando tumbos a primeras horas de la noche sin haber tomado una triste gota de alcohol.

En conclusión, háganse viejos, huyan de la tribu o únanse a una tribu nudista. Occidente está perdido.

Banda Sonora recomendada:

  • Cualquier trapito que te quitas te sienta tan bien
    Transportes Hernández y Sanjurjo «Privilegios de tener una ocupación inútilââ?¬Â (2005).

    http://www.seriezeta.com/k/recursos/musique/THS_trapito.mp3

VídeoTrayectos vol. VI: Fisterra + Santiago 01.09.08

viaje en autobús a fisterra – paisajes – fabla bárabara – andando – caballo – bici, coche y amazona a caballo – andando – cabo fisterra – el lagarto de fisterra – piernas – andando – fuente – playa desde el bus – escaleras mecánicas – italianos jugando al conejo de la suerte italiano na praza do obradoiro – relax – calcetines virtuales

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*Contenido extra de este VídeoTrayecto:

El Lagarto de Fisterra

Hay un lagarto gallego en el cabo de Fisterra que sabe gallego, castellano, inglés, francés y un poco de alemán. Vive entre las rocas, justo en la pendiente que va desde el faro al mar. Ese lugar en el que los pregrinos queman sus botas, o lo que tengan más a mano, al terminar su Camino en este fin de la tierra. Precisamente, esto del quemar cosas molesta un poco al Lagarto de Fisterra porque el fuego le acojona mucho, aunque los días de invierno echa de menos a algún peregrino que otro para que le caldee un poco el ambiente. Y es que en el cabo cuando le pega, le pega hasta tumbarte.

Le viene muy bien que además de los peregrinos lleguen turistas que se traen la comida de casa en lugar de irse de restaurante. Él se hace a todo: empanada, filetes, yogures, fruta… La fruta le gusta mucho y las peras le chiflan. Son tan dulces y tan fresquitas… Mientras no le dejen plásticos – que le raspan el paladar al entrar y que le dejan andares raros al salir – como le decía su madre, «es un jabalí». Come lo que sea y con quien sea.

Además, hace buena compañía. Si le ofreces parte de tu comida, se pondrá a tu lado a comer, siempre que no le toques las narices o hagas movimientos extraños. Es muy asustadizo desde pequeño. Cuando acabe, se relamerá mientras te mira y te acompañará hasta que te tomes el postre, por si se te ofrece algo más.

Los días que hace sol se posa en su piedra favorita y se deja llevar por la inmensidad del mar en Fisterra. Suspira de vez en cuando sintiéndose un don nadie ante el gran océano que le llena la vista y luego piensa que vive en un lugar que no está nada mal. Que «está de puta madre», como dice un coleguilla suyo del cabo de Cee.

Al anochecer, se siente guapo y calentorro cuando el inmenso sol rojizo se mezcla con su piel verde fosforito. Vuelve entoces a suspirar porque sabe que cada día es de los últimos europeos en dar las buenas noches al sol.

El faro le alumbra por las noches, aunque tampoco le sirve de mucho tener luz de noche porque en cuanto se pone el sol y refresca le entra una modorra… Es más, si tuviese ganas y subiese todas las noches al faro, se podría dar un festín diario de estúpidas polillas e irritantes mosquitos. Algún día lo ha pensado, pero él está bien abajo, con los turistas, los peregrinos y tal. Quizá alguna nochevieja se dé el homenaje y suba.

Tiene sueño pesado, pero los días de niebla odia a las malditas trompetas de la sirena del faro. Todo el día dando guerra y a un volumen brutal. Si eres lagarto y en lugar de orejas tienes agujeros, el sonido de sirena de niebla se te clava hasta la punta del rabo. Y que no se rompen las jodidas. De 1888 y aún sirven. En esos días se acuerda mucho de su colega del cabo de Cee, que tiene faro, pero no tiene sirena.

Aunque tampoco lo pasa tan mal. Conoce gente, degusta gastronomía internacional, no le cuesta trabajo tener la casa arreglada y todo el mundo dice que vive en un lugar único y mágico. El Lagarto de Fisterra manda saludos siempre a todos los conocidos de los que van al cabo para que también ellos se acerquen a hacerle una visita. Así que dense por saludados. Palabra de Lagarto.