Réquiem. Parte I: La Casualidad de la vida

Uno va y tiene un día de estos energéticos y decide que tras la opulenta cena del día anterior quiere aprovechar el día y variar. Hay que cambiar para sentirse vivo. Quedas con una amiga y ves exposiciones. Empiezan las casualidades. Aparecen unos amigos a los que hace mucho que no veías y que está afectados por la extendida plaga de niños que asola a los de éstas, nuestras edades. «Hay que llamarse y quedar más», decís. Entra en escena el amigo recuperado en un bar al que nunca vas. Llega otro al que poco ves, y es que hoy está de rodríguez. Te encuentras con los amigos-de-a-diario justo cuando sales de otro bar no habitual sin haber quedado con ellos. Mientras comes un bocata con la creciente pandilla circunstancial, te encuentras con un ex-compañero de trabajo al que habías perdido la pista desde hacía años. Variáis de nuevo de parroquia habitual. Entre los parroquianos aparecen otro ex-compañero y otra ex-compañera. Se hablan de los viejos tiempos. Resulta, que ese mismo día se ha casado un amigo al que ves de vez en cuando y que te instó la última vez que lo viste a que os pasaseis por el pub donde celebran la fiesta post-banquete. De camino al pub junto con el rodríguez y el amigo recuperado, os comunican que uno de los viejos amigos, al que habéis mencionado al hablar de los viejos tiempos y al que viste la semana pasada, ha muerto esa misma mañana.

Bueno, las señales están para el que quiera o sepa verlas. Si son de tráfico te ponen una multa por no verlas, como la que te ponen antes de ir al pub por aparcar mal. Si son las que encuentras en el camino de la vida y no las ves, simplemente, te jodes. Te las has perdido. Y es que según entras en el pub apesadumbrado, postponiendo el duelo para después, empiezas a notar el cosquilleo de que ésto sólo acaba de empezar. Te contagias de la alegría etílica del recién casado y no te remuerde la conciencia por ello. No se lo dices. El marido reciente no lo conocía. Siguiendo el extraño guión de la noche, aparece el grupo de amigos de los viejos tiempos, de los que te has ido distanciando por miles de cosas. Compartes la escasa información que tienes sobre la muerte del viejo amigo. Después de las variopintas reacciones, descubres que están allí por casualidad. No sabían que el amigo recién casado se casaba ese día. No venían a verle, sólo a tomar algo. Cuando sales del pub comentas a tus dos compañeros de viaje por la noche, el rodríguez y el recuperado, que «áJoder con las casualidades!» y que «hay señales». «¿Señales de qué?» te preguntan, «De que estás vivo», respondes. Es tarde, os retiráis a casa. El rodríguez por su lado y el recuperado y tú por otro.

Las gentes del lugar van y vienen. Las tuyas y las mías se entrecruzan.

Justo cuando estáis llegando a tu casa te suena el teléfono. Es el sinpar amigo que conocía al viejo amigo desde la EGB. No lo habías llamado porque se supone que ya estaba avisado y porque no eran horas para llamar a una casa con niño y molestar para no poder aportar ninguna información nueva. Siempre hay justificación para todo, dicen. Desgarrado por sus palabras de desamparo decidís, a iniciativa de tu amigo el recuperado, ir a su casa, en un pueblo próximo a la ciudad. Durante el trayecto, empiezas a darte cuenta de lo que está pasando y cómo se van acumulando acontecimientos sin que tú puedas controlar nada. Decides dejarte llevar y participar en todo lo que sea que se avecine.

Se hacen las 6 de la mañana entre los sollozos, los recuerdos del viejo amigo y las búsquedas de sentido a la vida. Sólo sabéis que ya no volveréis a verle. No sabéis si ha muerto al instante, si ha sido en ciudad o en carretera. Sólo que ha sido un accidente. Tú mismo, ni sabías que el viejo amigo vivía la moto. Hacía demasiado que no compartíais cosas, pero siempre había sido agradable encontrarse con él tras los viejos tiempos. Sentencias, cuando os vais, que los tres amigos, junto con la pareja del amigo que llamó, acabáis de hacer un velatorio. Básico, en esencia, sin «pompes funÃ?¨bres», como dice que dicen los franceses el amigo que os ha acogido en su casa. Te devuelven a tu casa. Intentas dormirte y a pesar del cansancio, te cuesta mucho. Cuando ya estás profudamente dormido te despierta a las 11 tu amigo recuperado, tal y como habiáis convenido. Te levantas con la necesidad de saber algo más sobre cómo ha acabado la vida del viejo amigo. En el bar de abajo leéis el Diario (porque aquí es El Diario y no El Periódico) y descubres que el artículo gracias al cual conoces más detalles está escrito por una amiga reciente a la que despediste no hace mucho y que no sabe quien fue tu viejo amigo. Podía haber salido sin firmar, como otras noticias que hace, pero no ha sido así. Se dibuja en tu boca la sonrisilla de las casualidades. Ahora iréis al tanatorio y luego comida familiar. Hay que celebrar el cumpleaños de la que te trajo al mundo. Mira tú qué cosas.

…y entonces, comienza la larga despedida de tu viejo amigo.

CONTINUAR�