Una de romanos

Doméstica aplicada

Llegaba Julio César, el mismísimo Julio César, a su villa de las afueras de Roma tras varios años de campaña en las Galias sudoroso, sucio y cansado. Calpurnia Pisonis, su mujer de aquel entonces, no respondió a su «Ave!» y sólo le miró con frialdad y reproche.

Sosteniendo dignamente la mirada a Calpurnia, como sólo el mismísimo César podía hacer, contestó de viva voz a la mirada envenenada de su mujer.
– Cariño, ya sabes que sin sacrificio no hay victoria y sin victoria no hay laureles.
Su mujer, con gesto de sopresa, le replicó.
– Y tú… ¿para qué coño quieres laureles si no has cocinado en tu puta vida?

Banda Sonora recomendada:
Romanos x Los Feliz “Aleluya” (1998).

9 opiniones en “Una de romanos”

  1. …y no será por veces que se lo he dicho yo: “oye, ¿tu eres consciente de que los internautas son vagos por naturaleza y eso… y que, a lo mejor, sólo a lo mejor, no se dan cuenta de que hay un hiperví­nculo en las fotos, verdad?”

    Y se dedica a esto, madremia…

  2. áá Me da igual que sea un personaje histórico !!

    ááá -500 puntos !!!

    PD: Avemarí­apurí­sima…. Padre, hace años que no me confieso, y me acuso de no haberme dado cuenta antes (mal de muchos…) de que habí­a que pinchar las fotos del Sr.K…

  3. “Cariño, ya sabes que sin sacrificio no hay victoria y sin victoria no hay laureles.”

    Y sin laureles no hay guiso y sin guiso no hay cazuela y sin cazuela no hay fogón y sin fogón no hay cocina, y sin cocina no hay casa, y si no hay casa no hay polvo.

    Conclusión, sin sacrificio, no hay polvo. xD

  4. Si señor, “rí­ndome a la lógica lisérgica de Gila”

    Sin sacrificio no hay polvo. Que gran verdad.

  5. Muy buena…
    después de esa respuesta no se que harí­a julio cesar, pero ante tal cuestión lo mejor serí­a callarse, o ponerse a hacer la comida :)

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