Grandes conceptos expresados en palabras tienen nuestras relaciones íntimas; sinceridad, confianza, comprensión, cariño… son palabras vacías (como dice la canción) especialmente en un día como hoy, San Valentín. áSalgamos a la calle! áRasguemos nuestras vestiduras! áCelebremos la fiesta del amor! Eso sí, la del amor de verdad: heterosexual, cariñoso e inquebrantable. Que el amor ese al prójimo es de pringaos. No se puede ni comparar con el amor de tu amado-amada. Además, para eso que se inventen San ONG o San 0’7 y se hagan regalos. El mercado se inventó para dar a cada cual según su necesidad y a cada cual segun su capacidad.
Este amor tan de verdad es un estado inalterable de principios vacíos expresados con palabras huecas (áToma ya!). Palabras huecas con asombrosos recovecos, como una caracola de mar, que genera una sonoridad y presencia que dota de cierta realidad a la palabra amor. Como la caracola, este amor ni tiene bicho, ni da dinero (más bien lo quita) y ni da de comer.
Si buscamos el origen estas vacías palabras, nos podemos remontar a los tiempos en los que los practicantes del amor sanvalentiniano eran célibes aspirantes a dejar de serlo. Abstinecia y lucidez siempre vienen de la mano (la gran compañera del célibe) y esa lucidez crea grandes estrategas que son capaces de dar una imagen del amor tan perfecta que no hay quien se les resista. A la postre, las palabras de amor son verborrea para conseguir lo único en lo que relamente estamos pensando todo el día: SEXO.
Todo fluye y los fluídos nos pueden. Sobre todo si esos fluídos se entremezclan e inundan con whisky, cerveza o patxarán el débil mandamiento de no mentirás. Todo el mundo cae alguna vez en la trampa, pero ¿Quiénes son más? ¿Los que se quedan? ¿Los que intentan salir de ella? ¿Los que matan gatitos todas las noches?.
Banda Sonora recomendada:
- «Me enamoré de un presidente del gobierno adolescente procedente del espacio exterior» x Siniestro Total – De por si (EP) – 1997






