Gente vieja.
Nuevos tiempos
que nunca pensamos que fueran así.
Banda Sonora Recomendada:
New Year’s Day x U2 – 1982
Del lado sano de mi cabeza
Gente vieja.
Nuevos tiempos
que nunca pensamos que fueran así.
Banda Sonora Recomendada:
New Year’s Day x U2 – 1982
o tren – o WC do tren – cascada urbana en santiago de compostela – pies y peregrinos – praza do obradoiro – gentes – trompeta – semáforo parlanchín – señoras coloridas – bellotas en mano – parque san domingos de bonaval
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Lo que prentenden ser los VídeoTrayectos se puede conocer en su primera publicación.
Nada de eso. No se vaya usted a pensar. «Cada uno es como Dios le hizo y algunos somos aún peor». Nunca he conseguido ser un desconocido amable. Observo con envidia a esos viajeros que devuelven una sonrisa con su mirada a todo aquél con quien se cruzan. Los que siempre tienen algo ocurrente que contestar a cualquier áHola! que les dirigen. Los que son capaces de hablar con gran interés sobre cosas banales como el tiempo, los tópicos, los típicos y los tipos estrambóticos que se han ido encontrando en su caminar.
No me sale. No miro a los ojos de la gente si no es con distancia y toques de altivez que a duras penas consigo conservar más de quince segundos. Las terrazas de los bares son lugares de ensimismamiento en torno a una cerveza fresca. Lugares donde oír sin escuchar atentamente – por decencia y discreción – conversaciones ajenas en las que nunca intervengo.
Todo fluye a mi alrededor: conversaciones, caminantes, habitantes, vehículos, lluvia, sol, viento, pensamientos, silencio ruido, clamor… Pero, no soy indolente. De eso puede usted estar seguro. Taciturno, pero emocionado como una esponja que absorbe energía. Yo soy ése que en el fondo del bar se hace dueño de una mesa y echa miradas fugaces a los parroquianos y que todo el mundo advierte, pero nadie comenta.
Santiago D.C. – Bar A Gramola 01.09.09
Banda Sonora recomendada:
«Yo soy quien espía los juegos de los niños» x Ilegales – Ilegales (1982)
De la serie Vagar no es de vagos en Sr.K, del lado sano de mi cabeza
[Ver serie completa]
Sr.K es abandonado a su suerte por el desalmado de su autor. Cuídenlo.
De todas formas sabemos de buena tinta que el muy borrego acabará volviendo.
Aún no es multimillonario.
Sería maravilloso que todo el mundo fuese coherente con lo que piensa… Bueno, mejor pensado, no. Si todo el mundo fuese coherente con lo que cree que piensa, se cometerían muchas más atrocidades de las que ya de por sí se cometen.
Imaginemos que un señor o señora, haciendo sus cábalas y silogismos mentales un día por la noche antes de dormir, se le ocurre que toda la gente con perilla merece su desprecio [áMalditos sean!]. Quién sabe… sus deducciones quizá partieron de un pelo de perilla que se encontró en su sopa de pelos púbicos.
En fin, ¿no es acaso una injusticia que este señor o señora desprecie a todos los perillanes por ser coherente con lo que piensa?
El absurdo nos rodea y por mucho menos un día se disparó una escoba. Dejando de lado el gran problema de exclusión social que sufren las personas con perilla, la coherencia no sólo es ser consecuente, exige cierto raciocinio.
Hubo una época en la que las escuelas contaban con maestros de coherencia y crítica. Sí señor. Aunque, claro, ninguno de ellos quería ejercer como maestro en coherencia y crítica porque hay que predicar con el ejemplo. Lo dejaron claro en su en su manifiesto contra la enseñanaza de coherencia y crítica: «La coherencia se aprende, no se enseña. Es completamente incoherente enseñar coherencia. Nos declaramos inútiles para la docencia y la ciudadanía»
Sin profesores de coherencia y crítica ¿Está perdida nuestra sociedad en la incoherencia? ¿Es sexy la perilla? … Yo creo que sí [a ambas preguntas].
¿Nos gusta decir no? No lo podemos saber con exactitud. Tampoco podemos negar la evidencia de la importancia del no.
– ¿No es verdad , ángel de amor, que en esta apartada orilla somos unos negados?
– No, pichoncito mío, de ser algo llegaremos a ser nadie, ese vacío en el que ninguno habita.
Si a nadie le importa que le nieguen, ni al mismísimo Jesucristo le molestó, mejor no neguemos que negamos en nuestro día a día (qué lío, ¿no?). Además, usamos muchos tipos de noes. Fuera de los noes que destrozan, hunden y arrinconan a nuestros semejantes en la desdicha por ser negados – y por ende anulados – existen los noes que nos hacen de rogar.
– Oye, ¿qué opinas de ir mañana a comer por ahí?
– No sé, seguramente tenga lío. Mira, no cuentes conmigo así de primeras, pero igual si que puedo al final. No sé.
– Así que, no sabes si vas o vienes… ¿No serás gallego?
– Y tú, ¿no serás listilloloscojones?
Quiténle importancia, no le den relevancia, niégense a caer en esa negación. La negación debería de formar una frontera, un límite al estilo «hasta aquí hemos llegao». El «no» del «no sé» es un impostor, un fraude que suena a negación, pero que en realidad es ansiosa incertidumbre.
¿Por qué no decimos que no y ya está? ¿Ya no nos fiamos de/a nadie? ¿Rechazamos el libre albedrío que nos dieron los pensadores de la ilustración? ¿Dejamos para mañana lo que deberíamos decidir hoy? Quién sabe. Si no hay nada claro, no implica que todo esté oscuro. Quizá sólo esté un poco empañado por lo aproximado, lo vago y lo sugerido. Puede que la rotundidad tanto de la afirmación y de la negación absoluta ya no nos haga gracia.
Desde aquí y con la luz que hay a estas horas, esa negación emascarada del «no sé» va a ser poesía pura. Nuestra falta de decisión es puro goce estético. «Qui sait, mon amí?», así en francés como que queda más poético, ¿que no?. Será pues que nos estamos afrancesando.
Banda Sonora recomendada:
Hacía un buen día. Frío, pero era un buen día de esos de febrero con el cielo azul y sol esplendoroso. Como venía haciendo desde hacía una temporada, sobre las cuatro-cuatro y media de la tarde este chaval de 16 años salía a darse un paseo. «A cuidar la línea». Lo de hacer deporte extenuante nunca había ido con él. Así que mejor ensaladita pa cenar todos los días y paseo por las tardes. Además, le venía bien salir de casa y darle vueltas a la cabeza. Tenía muchas cosas que pensar aunque tuviese sólo 16 años.
Antes de encaminarse definitivamente al parque habitual de sus paseos, entra en una minúscula tienda de chucherías con miles de bolsas de chuches, golosinas y juguetes baratos que llenan el escaso espacio del local desde el suelo hasta el techo. Con timidez y algo de culpabilidad, pide un Lucky suelto y un Happydent de menta. Entrega una moneda de 5 duros al señor de pelo completamente blanco que toda la vida ha llevado la tienda y no le devuelve cambio. 20 pesetas por el cigarrillo y 5 pesetas por el Happydent. A consumir uno después de otro. Siempre ha sido así y siempre lo será.
Camina a buen ritmo, con el estómago recordándole que hace nada que ha comido. Enseguida llega a la playa. Playa fluvial. No se puede esperar otra cosa de la meseta castellana. Gira a la derecha para adentrarse en una zona en pendiente más arbolada y menos transitada. Pasa en su subida una fuente de piedra de caño casi inexistente y chorro ridículo que hiede a hojas podridas y a limo acumulado durante años. Justo por encima de ella hay una vieja mesa-merendero metálica repintada mil veces y que ahora es azul celeste. Resopla al sentarse sobre la mesa y apoyar sus pies sobre uno de los bancos.
Llega entonces ese momento dulce de encender el Lucky en soledad. Lo prohibido. Lo secreto. La intimidad. Primera calada honda. Echar el humo por la nariz y la boca al mismo tiempo. Entornar los ojos por el sol que se filtra entre las ramas de los árboles sin hojas y por el humo que te rodea la cara. Ese mareo de los 16 con el tabaco.
Mirando a nada, se da cuenta de que por el camino en pendiente que acaba de recorrer sube una figura. Entorna sus ojos de nuevo, pero en esta ocasión es para que sus ojos de miope ayudados por sus gafas le descarten una idea descabellada que le acaba de pasar por la cabeza. Exhala lentamente el humo de la última calada sin desviar su mirada del tipo que se va acercando y se queda con la boca abierta, exhalando nada.
El tipo también le mira y de vez en cuando vigila sus propios pasos en la subida, como si tuviese que asegurarse constantemente de que el terreno que pisa no se va a derrumbar. Sonríe según avanza. El chaval de 16 años sabe, está seguro de que la sonrisa es nerviosa. Del tipo «situación incómoda«.
No se oye otra cosa que el rumor lejano de la ciudad y un graznido de corneja tras el resoplido que el extraño ha soltado al detenerse frente al chaval. Se encorva y apoya las manos sobre sus rodillas, como si estuviese fatigado. Desde detrás de sus gafas mira con la misma sonrisa que le ha acompañado en la subida y habla al estupefacto chaval.
– Hola. – suelta con algo de temblor en la voz – Bueno… Ya sabes quien soy ¿no?.
El chaval asiente, hierático, con los ojos fuera de sus órbitas y con la boca cada vez más abierta al borde del desencaje de mandíbula. El recién llegado retoma la palabra.
– Yo, soy tú con 31 años.
[Continúa en » Un cigarrillo en el parque (Parte II)]
Ji, ji, ji. Lo admito. Hoy te he mirado el escote. áBuf! No pensaba que lo lucías tan bien y tan dignamente. Es lo que tenemos los tíos, que no nos fijamos, pero hoy estaba ahí, enfrente. Yo de pie, tú sentada. Lo he gozado.
No. No nos confundamos. No ha sido nada lascivo. Ha sido puro goce estetico, perdón, estético. Tan bonito, como para acunar la cabeza. Redonceces bonitas y suaves a primera hora de la mañana. Ha sido como despertar con el olor del café recién hecho o amanecer con Debussy sonando suave y claro en el equipo de sonido.
Momentazo. Era tan buena tu indiferencia en ese momento que hasta he agradecido mentalmente que ya no cruces la mirada conmigo. Ser pillado hubiera trasformado un momento sublime de un bonito escote – reservado en exclusiva al verano – en un decadente acto de falta de respeto que me hubiera hundido aún más en el patetismo que los días malos me autoinflijo por no comprender nada.
Soñar es de traviesos. Mirar es de humanos.
Banda Sonora recomendada:
«No se hable más» x Los Enemigos – La cuenta atrás (1991)
http://www.seriezeta.com/k/recursos/musique/enemigos.no_se_hable.mp3
En Spotify: Los Enemigos – No se hable más
Tanto goza el yonki de su droga como el vulgar vulgo se regocija en estas fechas tan señaladas. Es delizioso el ritual de búsqueda de una meta final, que tanto para el yonki como para la población occidental, es un éxtasis sensorial que dura lo que dura y lo que dura me da igual. Una vez pasado el subidón siempre queda la sensación de que de tanto esperarlo casi ni se ha podido disfrutar. Nacen voluntades de redención y se dice que para la próxima vez hay que hacerlo más grande, más largo y mejor. Meterse más en ello, en definitiva. Olvidarse de lo accesorio y lanzarse a conseguir el mejor cuelgue o la mejor nochebuena, nochevieja, despedida de soltero/a, boda, cumpleaños o concierto.
¿Piensa acaso el yonki que puede acabar rajado en la calle cada vez que se acerca al barrio de chabolas para pillar? ¿Es consciente el consumidor compulsivo de que las compras navideñas o las rebajas son peores para su corazón que tres bocadillos de panceta untada en sebo? Ninguno de los dos es consciente del riesgo. Son, respectivamente, súper-yonki y súper-señor o súper-señora. Nada ni nadie puede con ellos.
El premio que espera al final de la carrera merece la pena. Mientras, los que les rodean piensan «si dinero no habrá, pero para tonterías…» y hacen como que no se dan cuenta de que por mucho que lo intenten ni el súper-yonki ni el súper-señor ni la súper-señora conseguirán hacer su éxtasis anhelado mejor. Al final, sólo consiguen hacerlo diferente por mucho que se esfuercen en repetirlo.
Asúmanlo: Santa Teresa de Jesús sólo hubo una y era de Ã?Âvila a pesar de todo. Ni todos los abulenses son santos ni todos los santos tienen yemas. El éxtasis ya sólo es química y la felicidad de un tiempo a esta parte es un síndrome. El yonki nunca consigue el cuelgue imperecedero y no todos los días son Navidad. La sobredosis siempre es fatal porque la perra de la mano siempre se va. Vigilen su mano, pero déjenle siempre cerca el número de urgencias o al menos un sobre de Ã?Âlmax.
Como dicen los loteros: áSalud!
Banda Sonora recomendada:
Es Navidad x Los Acusicas del disco «Ha sido éste» (2004)
Ser una celebridad es duro. Tanto ser celebridad por celeridad o meta-celebridad ahíta de amor indecente a la celebridad en sí misma, ser o estar célebre requiere dedicación. Porque, claro, estar todo el día de celebración no es asunto baladí. Zapatero a tus zapatos – o a tus debates – y celebridad a tus celebraciones. Por eso quizá la celebridad sólo dure 15 minutos, como decía aquél. Pero, para ser celebridad hay que nacer. Además, ya sólo por nacer a todos nos tocan no sólo unos 15 minutillos, sino un día enterito para nuestro uso, derroche y disfrute. Y que los fastos comiencen y que las celebraciones no acaben hasta el amanecer, como hacían los romanos, y que los romanos para el año que viene no me pillen con barbas, pelo largo y andrajos. Capaces de darme crucifijo o algo.
Gracias por acordarse de este día tan especial para mí como para otros tantos millones de personas en el mundo. Celebremos que el mundo gira y algunos aún seguimos en él. Celebrities de garrafón en Sr.K. Porque podíamos ser peores o por lo menos parecerlo. Si no, vean el vídeo del visionario amigho Bothman:
«Seres de la escena social: el vídeoartista» x Sergio Santamaría – The-Leznable Taldea 2005 / Producciones The-Leznables