Bodysnatchers domésticos

Le pasó el otro día. Lo estaba observando desde la cocina sin querer. Sólo había ido a por un poco de leche al frigorífico para hacerse un descafeinado después de haber fregado la cena. Miró hacia el salón y de repente se preguntó «¿Quién es ése?». No podía dejar de mirarlo. Parecía tan viejo. Bueno, tan viejo no; tan diferente. Intentaba recordar su voz, pero se le hacía extraña. Como si no correspondiese a ese cuerpo que veía entre penumbras desde la cocina. Si justo en ese momento hubiese hablado pidiendo que le acercase una cerveza o unas galletas con su voz, con la voz que realmente debería pertenecer a ese cuerpo, se habría derrumbado en el suelo de la cocina. Le temblaban las piernas. Se dio cuenta de que no podía mover los brazos. Se imaginó desde fuera. La puerta del frigorífico abierta, una mueca extraña en la cara, una mirada congelada en los ojos, un brick de semidesnatada en la derecha y una taza granate con dos ojos y una sonrisa en la zurda. Impertérrita, estática, sin ir ni venir. El motor del refrigerador se acabada de poner en marcha para recuperar la temperatura.

Casi le dolió doblar sus articulaciones, girar el cuello y ayudarse de la mirada para servirse ese poquito de leche. Tuvo que esforzarse en no volver a mirar hacia el salón. El sonido de palabras initeligibles de la televisión, atenuado por las paredes del piso, era un canto de sirena. Era la presencia de ese extraño que acababa de descubrir a pocos metros de ella. Tuvo que volver a mirarlo mientras cerraba la puerta del frigorífico. Ya no sentía pánico. Imaginó que suspiraba, pero no lo hizo. Su cuerpo aún no se había dado cuenta de que el pánico había pasado y ya sólo quedaba vibrante desasosiego.

Otro cigarrillo. Desde el salón llegó el olor del tabaco que se intensificó y volvió más desagradable por la humedad de la cocina recién fregada. Luego volvería a pasar la fregona. Total, sólo había pisado con las zapatillas de felpa. Estaba de espaldas a la puerta de la cocina mientras miraba sin ver como la sonriente taza con ese poquito de leche giraba en el microondas. Su atención estaba a su espalda. Hipersensible a cualquier cambio de temperatura en el ambiente o a cualquier microcorriente de aire. Se sentía tan expuesta como un mafioso sentado de espaldas a la puerta principal de un restaurante. ¿Cuándo oíria a la Tommy? ¿En la primera ráfaga o no oiría nada en absoluto?. Lo que no oía era la campanilla del microondas. La luz seguía encendida y la taza girando y girando como una cosa tonta. Por imitacion incosciente, giró su cuello a izquierda y derecha notando algún ‘clack‘ en las cervicales. Con disimulo, como si de una espía se tratase, oteó de soslayo la puerta de la cocina. Seguía sonando la tele. La tele es el silencio del siglo XX. Una casa tranquila es una casa con la tele encendida. Una casa triste es una casa sin tele. áTING! áDios, qué susto! Se tapó la boca. Creía haber emitido un gritito.

Mujer en proceso de

Según caminaba por el pasillo que comunicaba el salón y la cocina, se confirmaba su primera y desasogante impresión. «¿Será la luz? ¿Quién es él?» Parecía imposible. Según se apoyó en el marco de la puerta del salón se imaginó a sí misma como en una película. Ahí, en medio del contraluz que la oscuridad del salón y la luminosidad de los halógenos del pasillo creaban. En bata, con la cadera ladeada, sólo un pie apoyado y los brazos cruzados mientras sostenía la taza de descafeinado caliente. Una postura condescendiente con él. Pose de mujer fatal del cine negro. Pose, nada más que pose. La ansiedad le iba comiendo por dentro cada vez que pensaba «y ahora ¿qué?». Sentarse a su lado en el sofá. ¿Quién era?. Compartir cama, despertarse, ¿tocarse? ¿por qué? ¿cuánto tiempo llevaba así, sin darse cuenta?

Sintió un escalofrío cuando se sentó a su lado en el sofá y un flasazo de pánico volvió cuando él le dedicó una distraída y afectuosa sonrisa antes de volver a centrar su atención en la tele. No recuerda que ponían, pero recuerda que esa noche fue la de los ojos como platos y el cuerpo entumecido al lado de él. También recuerda haber tenido antojo de vainas durante la cena y que sus acciones desde aquel día se volvieron casi automáticas, robóticas y faltas de voluntad.

Proyección recomendada: The Invasion of the Body Snatchers – 1956

Todos los Santos son Macario

Se murió Macario. El de las ovejas. El pastor. ¿No lo sabías? Y tampoco era tan mayor. Cáncer. Ahí estuvo en el hospital hasta que se quedó. Tampoco se cuidaba nada. Era joven, sesentaipocos. Su padre también murió joven. No sé si antes o después de venirse al pueblo. ¿Tampoco lo sabías? no son del pueblo, no. La verdad, sus padres, sus dos hermanos y él vinieron al pueblo con una mano por delante y la otra por detrás. Si no tenían ni ovejas. Es más, trabajaban para el pastor que había por aquel entonces. Sus hermanos también murieron jóvenes. El pequeño por un cohete de los que se tiraban antes para romper el granizo. Se pusieron a jugar otro y él con el cohete en el portal de la casa del abuelo de éste… Bueno, no me acuerdo. Al otro no le pilló, pero al hermano del Macario le debío destrozar. Por todo el portal. Luego el mayor en cuanto pudo se fue del pueblo porque las ovejas no le gustaban nada. Entró a trabajar de albañil y al poco se mató al caerse de lo alto. Así que siempre han estado su madre y él. Su madre ya hacía un tiempo que estaba en una residencia, como la abuela. Siempre han tenido mucho dinero, pero eran un poco raros. Nunca se han relacionado ni con la familia de la madre ni con la del padre. Algún primo o así aparecía, pero Macario siempre decía que les diesen pol culo que no iba a dejar nada a nadie. A su entierro fueron los cuatro del pueblo con los que a veces se relacionaba y su madre. No fue nadie de las familias.
Basado en hechos reales

Gentes en tránsito

Banda Sonora recomendada:

  • El día de los muertos x La Pulquería «Corridos de amor» (2005).
    http://www.seriezeta.com/k/recursos/musique/pulqueria_corridos.dia_muertos.mp3

Réquiem. Parte II: Las Causalidades de Vivir

Bien pensado, remontarse a los orígenes de la vida en sí es meterse en un terreno tan farragoso como el caldo primigenio al que cantan Transportes Hernández y Sanjurjo en su canción Madre Fango. Que lo de buscar las causas de la vida da dolor de cabeza y dolor de corazón al mismo tiempo. Es más facil encontrar motivos para vivir.

Por otro lado, (siempre está el otro lado) un réquiem sirve para grabar la vida de otro en la memoria del que lo escucha o lee. Pero, me gustaría que este réquiem no fuese sólo una sucesión de datos de todo tipo sobre Luisete, el viejo amigo que falleció hace menos de una semana. El ser humano es egoísta y nuestros ombligos, además de pelusa, tienen un interés tremendo para nosotros, sus dueños.

No merece la pena ser plañidera. Se pueden decir miles de cosas como lo de fíjate, tan joven, que pena, y de tu misma edad, etc, etc, etc… En realidad, admito que no lo conocía tanto. Pero, la reacción en cadena que ha provocado en los vivos su súbita desaparición física ha sido todo un acontecimiento. Decíamos ayer que las señales están para verlas y me dijo el otro día el jefe que «a ver cuánto duran las buenas intenciones». Porque es así. El toque (casi empujón) que Luisete ha dado a nuestras vidas nos ha hecho plantearnos a todos qué ocurriría si mañana, como le sucedió a él, nos morimos de repente. Hemos empezado a ver las cosas importantes como nimiedades y las banales como imprescindibles. Cada bocanada de aire que aspiras la notas llena de fuerza. Miras más a la cara a la gente y hasta les sonríes. Tienes más en mente a la gente que aprecias. Como comentaba Pedro (ilustre comentador en este humilde blog) en la anterior entrada: La vida, Sr. K, sólo está aquí y ahora.

En pleno tránsito...

Otra idea que resulta curiosa y turbadora es la de la ausencia. Decía su mejor amigo de los viejos tiempos que es muy difícil hacerse a la idea de que si ahora cruzas la colina que te separa de su casa, ya no lo vas a encontrar allí. Que es muy fácil tenerlo separado físicamente de tí y no llamarlo o ir a hacerle una visita mientras sabes que está vivo. Que lo ves cuando te apetece, cuando te viene bien. Lo dífícil de la ausencia física es que una vez que alguien desaparece impregna a todos los que le conocían. Ya no pueden esquivarlo o poner excusas. Los que de verdad le apreciaban se han quedado con una parte de él dentro y ahora esa parte les mira y les visita cuando a ella le apetece. Todos somos una Bene Gesserit.

Si algo ha quedado de Luisete en todos los que lo conocíamos es, a buen seguro, su fuerza y su tenacidad. Ese «no hay cojones». Ese buscar siempre el lado más amable de lo imprevisto. Tirar p’alante cueste lo que cueste, pero no caiga quien caiga. Nos ha dejado el testigo del vive tus sueños, porque él los vivió. Nos ha mirado a la cara y nos ha soltado un «áEh! Muévete, tío».

El cielo ya lo tocó por toda la Península Ibérica, los Alpes y los Andes. Como infierno tendría el que todos tenemos en nuestras pequeñas desgracias. Su admirable padre lo ha hecho muy bien: su presencia física ya sólo es polvo entre polvo para que no le rehuyamos, para que no crucemos la colina hasta llegar al cementerio cuando nos venga bien, para que no se nos escape de dentro, para que comparta nuestra vida.

Dicen que la inmortalidad dura lo que duran las personas que nos recuerdan en la tierra. Por suerte, creo que viviré más de lo que pensaba.

Bienvenido Luisete.

Banda Sonora recomendada:

  • «Brindis» x Los Enemigos – «La Cuenta Atrás (1991)».

Dedicado a todos los que nos acompañan en nuestro camino en presencia y en esencia.

PequeRelato nevado

Gentes preocupadas, agobiadas. Desde que los europeos «semos europeos» nos da por ahorrar. Esa hora que nos falta o esa hora que nos sobra – allá cada cual – cuando se acerca el invierno nos vuelve hoscos/as y cenicientos/as sin príncipe azul ni zapato de tacón acristalado.

Nieve Sentada

Así que un día de estos en los que el Arquitecto – el mismísimo Arquitecto – estaba ahí, a lo suyo, se le ocurrió una genial idea para que el pesado camino hasta el solsticio de invierno se hiciese más llevadero: la nieve.

Sí, hace frío de cojones – pensó el Arquitecto – pero, lo bien que hace de luminaria en estos días de poca luz y malas caras bien lo merece.

Banda Sonora recomendada:

  • Aleluya Europa x Transportes Hernández y Sanjurjo «Privilegios de tener una ocupación inútil» (2005).
    http://www.seriezeta.com/k/recursos/musique/THS.Aleluya_Europa.mp3

Otros PequeRelatos: PequeRelato lluvioso«Entras» PequeRelato I

La hora señalada

Todo consiste en mirar de vez en cuando unos números que varían. ¿Cuándo ha llegado la hora? El cuerpo me pide ya, pero aún falta un luego para el ya. ¿Qué hacer? ¿Vivo engañado? Los números dicen que no y por mucho que lo intente no puedo hacer que avancen. Los muy cabrones…

Me quedaré en espera. Siempre esperando. Puedo quedarme aquí. Mirando al frente, hacia abajo, a la derecha… incluso a la izquierda. Puedo morderme los padrastros. Balancear mis pies…

Será que a los demás no les viene bien ahora. Pero, es que también están esperando. ¿Quién ha puesto entonces la hora señalada? No voy a ser yo quien pregunte. Si nadie dice nada será porque están de acuerdo con la hora señalada. Aunque, ellos también miran alrededor sin ver, como yo. A ver si van a estar también pensando que ahora sería buen momento para el ya… Igual los números están equivocados.

Expectante Expectativa

Bueno, parece que el momento definitivo se acerca sin moverse. Algunos hasta se han levantado y caminan. Parece que están impacientes. No sé, me siento un poco estúpido. Los números parece que cambian más despacio. Tanta impaciencia a mi alrededor me provoca impaciencia. Ya falta menos.

Pero, ¿esto qué es? ya hemos pasado la hora señalada. Todos nos mirarmos, ya mirándonos, pero evitamos la mirada inquisitiva e inquieta de los demás. Nadie es capaz de preguntar «¿qué pasa?».

Ya se han ido los primeros. Me estoy planteando seguir su ejemplo, la verdad. ¿Por qué esta hora señalada? Ya hace demasiado tiempo que pasó. Los pies me duelen de estar de pie y nadie dice nada. Ya estamos sólo por estar. Me tendré que ir. A ver si vengo para la próxima hora señalada y me entero del motivo de señalar precisamente esta hora. Tampoco voy a preguntar a nadie por qué se ha puesto esta hora. Te miran muy raro si preguntas ese tipo de cosas. Incluso te miran peor si dejas de ir a cada hora señalada.

Banda Sonora recomendada: Pulse [AQUÍ] para descubrirla (si se atreve)

Autorretretes VI

Se avecinan tiempos de cambio en los autorretretes. La tecnología nos supera y los más de 140 autorretretes (tranquilos, aquí sólo hay una selección) que llevamos realizados hasta el día de hoy, serán de época pasada. Seguiremos haciéndoos disfrutar con los viejos autorretretes una temporada hasta que la nueva tecnología dé sus frutos.

Hoy, con todos ustedes, la sexta parte de la parte contratante de la época pasada:

Autorretretes con Fontaine de Duchamp incluida

En Burgos, Pub La Negra Tomasa En Valladolid,  Bar en la Plaza Circular En A Coruña. Seguramente en un estupendo bar para comer y/o beber En A Coruña. Seguramente en un estupendo bar para comer y/o beber

En Burgos, Rte. Picasso En Burgos, Teatro Clunia En BCN. El CosmoCaixa y su water que no era muy cientiífico En Valladolid,  Bar La Tuba

Entregas anteriores:
[Autorretretes I][Autorretretes II][Autorretretes III][Autorretretes IV][Autorretretes V][Todos]

Por cierto, la nueva tecnología de autorretreactiva me va a salir gratis. En medio de las peleas siempre han gente que saca provecho…

Autorretretes I

Proyecto que roba el nombre de un singular disco con el que no tiene nada que ver. Ya más de un año de autorreratos en W.C.’s por diferentes puntos de España y parte del extranjero.

Disfruten con la primera entrega:

Retrete Burrikin, Burgos

Seguiremos informando…

Antes de que empiece el día

Al alba, al alba, como dice la canción. Unos empiezan. Otros acaban. Todos oyen el trinar de los pajaros. Cielo que clarea y pieles grasas de noche en vela. De todos los que empezaron, sólo quedamos unos pocos, pero vaya pocos…

Bien por circunstancia o voluntad, la camaradería surge y la grata conversación acompaña. Hemos rebasado la frontera. A partir de aquí no somos lo que éramos, pero somos mejores. Cansados y aturdidos aún por el vino, aunque en plena recuperación de facultades.

La ciudad despierta

Mañana se ha convertido en Hoy y Ahora ya es Después, nos recuerdan nuestros relojes. Ahora no es nada, sólo es Hoy.

Los que hemos pasado la frontera inconscientemente sentimos el descansar no como una obligación, sino como un placer al que abandonarnos.

Son las 6 de la mañana y no seremos muchos, pero sí que somos machos. Este metal pesado sí que pesa de verdad. Como buenos guerreros, ya nos toca descansar.

Buenas Noches o Buenos Días, indique su opción en voz alta después de la señal.

Banda Sonora recomendada:

  • «6 de la mañana« x Mermelada – «Coge el tren» (1979).
    http://www.seriezeta.com/k/recursos/musique/mermelada.coge_el_tren.6_de_la_manana.mp3

Guirífobo

En estas fechas tan señaladas; versos estivales Sr.K. Ni refrescan, ni abanican, ni tienen estructura métrica decente, pero es que es verano áqué carajo!

Si guiri marcha, guiri puesto.
Si guiri gasta, lo hacemos nuestro.
Sólo buscan un disneygüorl
de alcohol, pintxos y algo de sol.

áQué buena fiesta! áQué cachondeo!
áCómo lo pasan estos pendejos!
No saben que al trasnochar
hay que saber madrugar.

En corrales, como pienso,
es donde quieren estar.
No formar parte de ésto
que algunos llaman viajar.

La estulticia me rodea.
Bien de allende los mares
o de la cercana frontera.
Todos al cabo son
hijos de la misma perra.

Al fondo, siempre al fondo

No lo intenten en su casa. Háganlo en su lugar de vacaciones. Destrocen su habitación de hotel como rutilantes estrellas de rock.

Banda Sonora recomendada:

Fragmentos de terrazas I

Las palomas, las muy perras, se posan encima de las mesas de la terraza del bar. Una me mira inquisitiva como preguntándome «¿Qué coño haces aquí? ¿Quién te ha invitado?». Es cierto, ella estaba antes que yo y además la camarera no la espanta. También tendrá miedo de su mirada.

Yendo en paz

A dos mesas de distancia, un señor se sienta en la silla que hacía un rato había abandonado. La extraña señora de pelo excesivamente rojo vuelve a estar acompañada. El recién llegado comenta a su señora de pelo excesivamente rojo que «este sitio está muy bien» y que gracias a esta rezumante bondad del bar lo ha hecho a gusto. Momentos antes, tras pedir una «jeinéquen» a la amable camarera, confesaba a su señora de pelo excesivamente rojo que según le trajesen la cerveza se iba a ir a cagar.

Banda Sonora recomendada:
Silence (in this area) x Marlango «The electrical morning» (2007).

Más » Fragmentos de terrazas I, Fragmentos de terrazas II

Fragmentos de calorcito y terrrazas para días en los que parece que nunca amanece. Dedicado a todos los que se vuelven grises con la luz gris de este otoño invernal en domingos que no son ni domingos ni lunes.