PequeRelato agostero – el excursionista reprochador

áAy! Zarza, zarza. ¿Tan rica es tu savia que la defiendes con espinas…

ááAumpf!!

hija de puta?

Banda Sonora recomendada:
«Naturaleza» x Siniestro Total – Siniestro Total II – El Regreso (1983)

En Spotify: Siniestro Total – Naturaleza

Otros PequeRelatos: PequeRelato agostero – Control del espacio-tiempoPequeRelato NevadoPequeRelato lluvioso«Entras» PequeRelato I

El bipartidismo nos persigue (y no conseguimos ser más rápidos)

[Atención: Entrada sólo para iniciados en el mundo Rocranrolero-Siniestrototalero. Avisados quedan.]

Tener un maiespeis es como tener donetes; te salen amigos por todas partes. Por las mañana, el correo electrónico nos puede deparar sorpresas. Aquí, el último que nos ha pedido ser amigo de Presuntos Impotenes en el maiespeis:

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El mismísimo Miguel Costas se nos arrima. Como reza el texto, por fin será posible «enviar mensajes personales a Miguel Costas» y podremos interactuar entre nosotros y nuestros amigos y redes. Es decir que podremos tocarnos en orgías con nuestro amigos mientras pescamos.

Pero, al día siguiente, el correo nos vuelve a sorprender:

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En realidad no era para tanto. No insultaba ni decía nada concreto. Sólo el típico «Gracias por el add» .

Ya lo decían Wayne y Garth: «No somos dignos, somos simples gusanos».

«Yo estoy bien y tú estás gordo» «Posiblemente el mejor cantante del mundo» son los dos eslóganes con los que Miguel Costas arenga a las masas disidentes, pero a la vez seguidoras, del grupo de rock más camaleónico del rock en español: Siniestro Total.

Desde la irrupción de internet y desde la marcha del mecionado grupo de Miguel – su voz más personal – allá por el 92, el libro de visitas de siniestro.com, se ha convertido en un ruedo del bipartidismo. Que si Julián es el mejor, que si Costas es el mejor, que los Siniestro de antes son los que molan, que si los Siniestro de ahora han evolucionado y Miguel Costas no…

Vean ustedes que después de la postura declarada en Sr.K a favor de Julián Hernández como pilar imprescindible del rock en castellano hace que aceptar a Miguel como amigo sea duro. La amistad es algo que no hay que tomarse a la ligera. Ni siquiera la del maiespeis.

¿Se sentirá Julián traicionado por este acto? ¿Pondrá sonrisa falsa dolida Miguel cuando le dejemos un comentario en su maiespeis? ¿El libro de visitas de siniestro.com dejará de ser más cainista que las dos Españas?

Si el futuro es incierto, miremos al pasado, que pasado está. Cualquier tiempo pasado, simplemente, fue y no lo podemos evitar.

Banda Sonora recomendada:

  • Fuimos un grupo vigués x Siniestro Total «Me gusta como andas» (1988-2002).
    http://www.seriezeta.com/k/recursos/musique/ST_andas_grupo.vigues.mp3

Bodysnatchers domésticos

Le pasó el otro día. Lo estaba observando desde la cocina sin querer. Sólo había ido a por un poco de leche al frigorífico para hacerse un descafeinado después de haber fregado la cena. Miró hacia el salón y de repente se preguntó «¿Quién es ése?». No podía dejar de mirarlo. Parecía tan viejo. Bueno, tan viejo no; tan diferente. Intentaba recordar su voz, pero se le hacía extraña. Como si no correspondiese a ese cuerpo que veía entre penumbras desde la cocina. Si justo en ese momento hubiese hablado pidiendo que le acercase una cerveza o unas galletas con su voz, con la voz que realmente debería pertenecer a ese cuerpo, se habría derrumbado en el suelo de la cocina. Le temblaban las piernas. Se dio cuenta de que no podía mover los brazos. Se imaginó desde fuera. La puerta del frigorífico abierta, una mueca extraña en la cara, una mirada congelada en los ojos, un brick de semidesnatada en la derecha y una taza granate con dos ojos y una sonrisa en la zurda. Impertérrita, estática, sin ir ni venir. El motor del refrigerador se acabada de poner en marcha para recuperar la temperatura.

Casi le dolió doblar sus articulaciones, girar el cuello y ayudarse de la mirada para servirse ese poquito de leche. Tuvo que esforzarse en no volver a mirar hacia el salón. El sonido de palabras initeligibles de la televisión, atenuado por las paredes del piso, era un canto de sirena. Era la presencia de ese extraño que acababa de descubrir a pocos metros de ella. Tuvo que volver a mirarlo mientras cerraba la puerta del frigorífico. Ya no sentía pánico. Imaginó que suspiraba, pero no lo hizo. Su cuerpo aún no se había dado cuenta de que el pánico había pasado y ya sólo quedaba vibrante desasosiego.

Otro cigarrillo. Desde el salón llegó el olor del tabaco que se intensificó y volvió más desagradable por la humedad de la cocina recién fregada. Luego volvería a pasar la fregona. Total, sólo había pisado con las zapatillas de felpa. Estaba de espaldas a la puerta de la cocina mientras miraba sin ver como la sonriente taza con ese poquito de leche giraba en el microondas. Su atención estaba a su espalda. Hipersensible a cualquier cambio de temperatura en el ambiente o a cualquier microcorriente de aire. Se sentía tan expuesta como un mafioso sentado de espaldas a la puerta principal de un restaurante. ¿Cuándo oíria a la Tommy? ¿En la primera ráfaga o no oiría nada en absoluto?. Lo que no oía era la campanilla del microondas. La luz seguía encendida y la taza girando y girando como una cosa tonta. Por imitacion incosciente, giró su cuello a izquierda y derecha notando algún ‘clack‘ en las cervicales. Con disimulo, como si de una espía se tratase, oteó de soslayo la puerta de la cocina. Seguía sonando la tele. La tele es el silencio del siglo XX. Una casa tranquila es una casa con la tele encendida. Una casa triste es una casa sin tele. áTING! áDios, qué susto! Se tapó la boca. Creía haber emitido un gritito.

Mujer en proceso de

Según caminaba por el pasillo que comunicaba el salón y la cocina, se confirmaba su primera y desasogante impresión. «¿Será la luz? ¿Quién es él?» Parecía imposible. Según se apoyó en el marco de la puerta del salón se imaginó a sí misma como en una película. Ahí, en medio del contraluz que la oscuridad del salón y la luminosidad de los halógenos del pasillo creaban. En bata, con la cadera ladeada, sólo un pie apoyado y los brazos cruzados mientras sostenía la taza de descafeinado caliente. Una postura condescendiente con él. Pose de mujer fatal del cine negro. Pose, nada más que pose. La ansiedad le iba comiendo por dentro cada vez que pensaba «y ahora ¿qué?». Sentarse a su lado en el sofá. ¿Quién era?. Compartir cama, despertarse, ¿tocarse? ¿por qué? ¿cuánto tiempo llevaba así, sin darse cuenta?

Sintió un escalofrío cuando se sentó a su lado en el sofá y un flasazo de pánico volvió cuando él le dedicó una distraída y afectuosa sonrisa antes de volver a centrar su atención en la tele. No recuerda que ponían, pero recuerda que esa noche fue la de los ojos como platos y el cuerpo entumecido al lado de él. También recuerda haber tenido antojo de vainas durante la cena y que sus acciones desde aquel día se volvieron casi automáticas, robóticas y faltas de voluntad.

Proyección recomendada: The Invasion of the Body Snatchers – 1956

El estado preocupado

Según lo que nos veníamos temiendo, el ser humano está destinado a estar preocupado. El estado natural de la persona es una sensación de estrés y de espera. ¿Qué esperamos? Esperamos a que empiece nuestro programa favorito. Esperamos que llegue el fin de semana. Esperamos que esa persona nos corresponda. Esperamos cobrar a primeros de mes…

Lo más frustrante es que cuando concluye la espera y tenemos o disfrutamos de lo esperado, el estado de desasosiego no termina, sólo se atenúa. Los pequeños hitos de cada día no colman lo que esperamos llenar. Nos llenan, a veces hasta arriba, pero siempre se vacían de nosotros. Después, sólo nos dejan su recuerdo y vivimos de nuevo la desazón, que no es otra cosa que revivir la sensación de plenitud que durante unos instantes, horas o días tuvimos.

Estamos como estamos y somos lo que somos

Pero, ¿qué hay de lo no vivido? ¿Que sucede con lo que no es un recuerdo, lo que es una idea? También esperamos que nuestras ilusiones se cumplan y lo pasamos mal porque no llegan a hacerse realidad. Parece que nuestra vida es esperar a que sucedan cosas y hacer lo posible por que se hagan realidad, aunque sea por unos instantes. Eso es, en definitiva, el tiempo: un cúmulo de instantes del pasado o del futuro a los que tenemos acceso aleatorio desde nuestra consciencia.

Todo, al fin y al acabo, para descubrir que la droga que mueve la vida es hacer cosas que nos llenen y que después nos dejen un repertorio de posos que nos convierta en lo que somos. No es tan extraño pues, que nos droguemos. Es otra meta de la que disfrutamos y que nos deja también posos de tipo más mundano (por no decir fisiológicos). Así que nos preguntamos ¿La droga es un simulacro de vivir? Nadie es capaz de estar continuamente lleno. Siempre hay compases de espera en esta loca melodía que nos toca vivir.
Si conocen a alguien que siempre está contento con lo que hace (no entremos en si está contento con lo que es), desconfíen: o les engaña o es drogadicto.

Banda Sonora recomendada:

  • «Drowned World (Substitute for Love)» x Marta – Demo de no-profesional.

Gracias al Sr.Bothman por la pose robada. Visiten su fotolog en compensación

Chirriando, que es gerundio

Todo tiene un sentido y pocas cosas pasan porque sí. Siempre hay algo debajo. Siempre hay algo que chirría. Siempre hay personas y situaciones que chirrían.

Y es que ocurre de repente, hablando con alguien, por ejemplo. La conversación puede ser interesante o banal. Puede que se conozca a la persona desde hace 5 minutos o desde hace 5 lustros. De repente, uno de los dos interlocutores empieza a oirlo: criiik… criiik… En estos casos hay que intentar no alarmarse y hacer como que no se oye nada. Nuestro cerebro de lagarto-cazador-recolector se encarga de mantenernos alerta ante la situación de peligro. Peligro de parecer un loco-a ante el interlocutor que chirría.

La percepción se agudiza en un sueño pseudolisérgico. áCuántos poros! (y qué negros los jodíos)… ¿Tiene un ojo más arriba que otro?… ¿Eso es una cana? Vaya, se le empieza a ver el cartón… Mmmh, vaya morros. Eso de las comisuras parecen granos o algo… ¿y esas orejas?… «Mis manos… son tan grandes… Pueden tocarlo todo… menos a ellas mismas»

Realmente, el chirrido es la manifestación sonora de ese cambio de percepción de la realidad. El interlocutor chirrante, y a veces irritante, se transforma en una holografía para el otro. La persona que chirría desaparece de repente de esencia, que no de forma. Es un cadáver de si mismo que no ha dejado de hablar ni de hacer gestos. Un cántaro hueco que hace vibrar el aire que entra en él. Criiik… criiik…

Chirridos infantiles

Hay estudios presuntamente exaustivos y no concluyentes que casi demuestran que el irritante sonido suele surgir en el sujeto-a al advertir determinados gestos o vivir determinadas situaciones consideradas por los expertos como excesivamente normales. El cerebro reacciona diciendo «áEO! no hay estímulos, ésto me lo sé de memoria ¿me he muerto y no lo sé? Bueno, no creo. Soy el cerebro, me habría dado cuenta«. Entonces, como cuando te metes los dedos en los ojos y ves estrellitas, nuestro blandito amigo de sustancias blancas y grises genera una percepción, que, en este caso, suena a chirrido. Eso sí, no hay que confundirlo con el pitar de oídos típico generado cuando alguien se acuerda de nosotros o de nuestras santas familias.

En base a estos estudios, han surgido terapias para reprimir el chirrido. La más conocida en nuestro país es la repetición hasta la saciedad de los capítulos de los Simpson o las noticias cíclicas como «áNieva!», «áHace Calor!», «áLas Rebajas!» o «áNiña con dos cabezas!» (áGracias, Antena 3!). Este tratamiento acostumbra al cerebro a no esperar más de la realidad que lo que hay. Abotargamiento de mente catódico dijeron en la tele que se llamaba. Por otro lado, también hay corrientes filosóficas que ante la chirriante situación defienden el exterminio total de los dos tercios de la población del primer mundo y cuarto y mitad del segundo y tercero para la solucionar éste y muchísimos más problemas de nuestra decadente sociedad.

Banda Sonora recomendada:

Nos crecen los enanos

Y es de aquel que un día fue a por una guitarra, una vieja guitarra española con funda nueva, y volvió con el estómago lleno y con la certeza de que no haber hecho las cosas tan mal últimamente. Lo que uno ha sido y fue siempre forma parte de uno mismo. Estén alerta. Un «tomar algo para devolverte el cacharro» se puede convertir en una cena de parrilla y una extensa sobremesa arreglando el mundo. Así que ya que estamos habrá que hacer algo, si se da el caso.

Cosas que se pueden hacer: para empezar, recuperar de repente a una gente que hacía muchos años se quedaron para tí en un estado de pre-adolescencia y que ahora son adultos. Descubrir que no sólo comparten inquietudes contigo, sino que ves con asombro y admiración que tienen vida interior. Compartir el vértigo de la vida adulta, vértigo al que tú ya te has acostumbrado, y que ellos comienzan a sentir. Hablar de viejas batallas y de detalles que para tí pasaron desapercibidos y que a ellos les marcaron. Mostrar el orgullo de sentirse viejos y perros, a pesar de estar a las puertas de la famosa vida adulta.

Dos de los tres caballeros

Conclusiones que se pueden sacar: Descubrir lo bien que crece la gente te hace ver que eres más joven de lo que pensabas, siempre que consigas conectar con ellos al poco rato de encontrártelos, claro. Que los enanos crezcan bien y que usted lo sepa no nos hace más viejos, sólo nos hace más completos. Tampoco es cuestión de lamentarse por no haber asistido al proceso de maduración. Siempre es mejor saborear la fruta cuando está en su punto.

Y al final, las 4 de la mañana y la guitarra sin tocar…

Música que podría haber sonado:

  • «Brindemos«
    Los DelTonos – «GT» (2006).

    http://www.seriezeta.com/k/recursos/musique/LDT_GT_brindemos.mp3


Dedicado a los 3 caballeros y la sufrida dama que me acogieron en una tarde-noche de sábado. Sois los mejores, pero eso ya lo sabéis.

Despecho de diario

¿Qué diría su diario a la adolescente si lo hubiese abandonado durante un día? Seguro-seguro que la llave del candado no se abriría a la primera y la adolescente se pondría ansiosa. Después, no encontraría la última página escrita. Pasaría páginas hacia adelante y atrás con los ojos desorbitados mustiando «pero, pero…». El diario vibraría de regocijo sin que la adolescente lo advirtiese cuando comenzase su siguiente truco; mostrar sólo sus páginas en blanco. Entre asustada y cabreada, la adolescente arrojaría el diario a la cama, el cual, como broche final a su travesura, rebotaría blandamente y se quedaría por fin abierto en la última página que su dueña escribió.

No me toques el amor

Abrazada a sus propias rodillas y con los ojos húmedos quemándole, la adolescente miraría largo rato desde el ángulo opuesto de la cama al maldito diario que tan difícil se lo pone. De un brinco perfectamente ejecutado, gracias a su juventud y a las clases de ballet, se tumbaría boca abajo con los pies en alto y al mismo tiempo agarraría con firmeza al travieso diario con las dos manos. Estiraría maquinalmente su brazo hasta alcanzar su boli preferido de la mesa de estudio y suavemente, con algo de reparo, comenzaría a escribir en la hoja en blanco la fecha. Tras una pausa expectante ante las posibles reacciones del diario comenzaría a redactar con su mejor caligrafía
«Querido diario:
Lamento mucho haberte tenido tan abandonado últimamente. Te juro que no volverá a pasar…
»

La adolescente sonreiría cómoda y confiada. El diario se dejaría llevar por el roce del boli, suave y cariñoso, como siempre. Escuchando a través de sus hojas, asentando y guardando secretos como sólo los diarios saben hacer y que tuenti, facebook y fotolog envidiarían impotentes desde la pantalla del portátil que reina sobre la mesa de la habitación.

Banda Sonora recomendada:
«En el 2000» x Natalia Lafourcade – «Natalia Lafourcade» (2002).
http://www.seriezeta.com/k/recursos/musique/natalia_lafourcade.en_el_2000.mp3

Yo (no) soy ése

Nada de eso. No se vaya usted a pensar. «Cada uno es como Dios le hizo y algunos somos aún peor». Nunca he conseguido ser un desconocido amable. Observo con envidia a esos viajeros que devuelven una sonrisa con su mirada a todo aquél con quien se cruzan. Los que siempre tienen algo ocurrente que contestar a cualquier áHola! que les dirigen. Los que son capaces de hablar con gran interés sobre cosas banales como el tiempo, los tópicos, los típicos y los tipos estrambóticos que se han ido encontrando en su caminar.

No me sale. No miro a los ojos de la gente si no es con distancia y toques de altivez que a duras penas consigo conservar más de quince segundos. Las terrazas de los bares son lugares de ensimismamiento en torno a una cerveza fresca. Lugares donde oír sin escuchar atentamente – por decencia y discreción – conversaciones ajenas en las que nunca intervengo.

Alí no estás bien

Todo fluye a mi alrededor: conversaciones, caminantes, habitantes, vehículos, lluvia, sol, viento, pensamientos, silencio ruido, clamor… Pero, no soy indolente. De eso puede usted estar seguro. Taciturno, pero emocionado como una esponja que absorbe energía. Yo soy ése que en el fondo del bar se hace dueño de una mesa y echa miradas fugaces a los parroquianos y que todo el mundo advierte, pero nadie comenta.

Santiago D.C. – Bar A Gramola 01.09.09

Banda Sonora recomendada:
«Yo soy quien espía los juegos de los niños» x Ilegales – Ilegales (1982)

De la serie Vagar no es de vagos en Sr.K, del lado sano de mi cabeza
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