No sé que te iba a decir…

Los que viven en la memoria

La puta la memoria que nos falta cuando más la necesitamos. Siempre la echamos en falta cuando le decimos que venga y no nos hace caso.

La muy silibina nos cuenta cosas que creemos ciertas, cuando sólo son mentiras para tenernos contenos.

Tan juguetona y cruel al mismo tiempo que nos hace recordar miles de datos inútiles y luego nos mantiene en vilo intentando recordar qué hemos comido hoy.

La muy desalmada nos deja más desamparados cuanto menos jóvenes somos. Siempre ha preferido los tiempos de gloriosa juventud que los de la modesta senectud.

Nos droga con melancolía hablándonos de tiempos pasados y de personas que no hemos vuelto a ver. Sólo lo hace por reirse de nuestra débil humanidad.

La puta la memoria a veces nos hace viajar en el tiempo y el espacio como geniales astronautas y nos devuelve al presente de manera abrupta mientras nos dice al oído: «eres un iluso».

Banda Sonora recomendada:
«Pensando no se llega a na» x Josele Santiago – Garabatos (2006)

Bellocino

Cita original: (…)nuestro bellocino de oro es el ocio.(…) [ Ver en su contexto Original ]
Localización: Comentario en El Ucraniano Aniano
Autor: Sr.K

BELLOCINO Orig. Ucrania, Burgos (cuidad bravía)

1. Tocino de cerdo de dehesa extremeña criado con bellotas. (Según el_ucraniano_aniano)

2. Adorable criatura, diosa ladrona de raciocinio. También, conocida como Beyoncé (Según Sr.K).

* Sr.K también con la nueva lengua de internet. Acto de contrición pública por los pecados cometidos en la red.

Entrada de la nueva Semánti.K que se ve por internet. Colección de aparentes errores ortográficos y de expresión que tienen explicación (i)Lógi.K.

Visto en la tele

* Atención puede herir sensibilidades cándidas. +18 años *

…mientras libaba el fime bálano suavemente ora arriba, ora abajo, le vinieron unas ganas súbitas de trasegar más allá y probar al completo al dios príapo. Siendo menesterosa en su quehacer, recibía el beneplácito de su bisoño compañero con los pescozones que arritmicamente propinaba en las posaderas de nuestra aplicada mamadora de grandes mamas.

Súbitamente y provocando gran pasmo entre los dos amancebados, se abre la puerta de la cochambrosa alcoba con cuadros de bazar oriental y se persona el cónyuge de la aplicada libadora de falos de egregio busto. Tras la bramada de cuatro bravuconadas por parte del nuevo personaje, la fémina, enardecida en exceso por la actividad precedente a la interrupción de su contrario, hace una propuesta a los dos varones. Ya que dar achares a uno de sus dos convidados a la cuchipanda iba a hacer decaer la fiesta, sugirió que el exento de caricias orales fuese vagón de cola del trenecito del que ella misma sería succionadora locomotora.

Diligentemente y haciendo uso de su supremacía temporal conseguida con su abrupta entrada en el aposento, el marido de la libidinosa mujer requiere ser coche de cola en el improvisado convoy de carne dentro de carne. El otro individuo con una mezcla de resignación y humillación accede a la petición e inmediatamente se ve atrapado en un movimiento rítmico que sólo le proporciona dicha cuando su pelvis se acerca a las tragaderas de la lujuriosa dama y se aleja de la verga del consorte bravucón.

A continuación, dedo en botón y a otro canal. Y es que el cable es lo que tiene; ves desde documentales hasta alcaldes graciosetes. áAh! sí, y porno, claro. Esa es la movida. El cable enriquece. ¿Alguien lo duda?

La tele no es cultura, pero ¿la cultura es tele?

Banda sonora:
El emérito Julián Hernández en un disco sobre los 7 pecados capitales. Aquí la letra, para los que la sigan al pie.
De la serie Espertpénti.K «Visto en…«. Capítulos siguientes: [II]

Un cigarrillo en el parque (Parte I)

Hacía un buen día. Frío, pero era un buen día de esos de febrero con el cielo azul y sol esplendoroso. Como venía haciendo desde hacía una temporada, sobre las cuatro-cuatro y media de la tarde este chaval de 16 años salía a darse un paseo. «A cuidar la línea». Lo de hacer deporte extenuante nunca había ido con él. Así que mejor ensaladita pa cenar todos los días y paseo por las tardes. Además, le venía bien salir de casa y darle vueltas a la cabeza. Tenía muchas cosas que pensar aunque tuviese sólo 16 años.

Antes de encaminarse definitivamente al parque habitual de sus paseos, entra en una minúscula tienda de chucherías con miles de bolsas de chuches, golosinas y juguetes baratos que llenan el escaso espacio del local desde el suelo hasta el techo. Con timidez y algo de culpabilidad, pide un Lucky suelto y un Happydent de menta. Entrega una moneda de 5 duros al señor de pelo completamente blanco que toda la vida ha llevado la tienda y no le devuelve cambio. 20 pesetas por el cigarrillo y 5 pesetas por el Happydent. A consumir uno después de otro. Siempre ha sido así y siempre lo será.

Camina a buen ritmo, con el estómago recordándole que hace nada que ha comido. Enseguida llega a la playa. Playa fluvial. No se puede esperar otra cosa de la meseta castellana. Gira a la derecha para adentrarse en una zona en pendiente más arbolada y menos transitada. Pasa en su subida una fuente de piedra de caño casi inexistente y chorro ridículo que hiede a hojas podridas y a limo acumulado durante años. Justo por encima de ella hay una vieja mesa-merendero metálica repintada mil veces y que ahora es azul celeste. Resopla al sentarse sobre la mesa y apoyar sus pies sobre uno de los bancos.

Llega entonces ese momento dulce de encender el Lucky en soledad. Lo prohibido. Lo secreto. La intimidad. Primera calada honda. Echar el humo por la nariz y la boca al mismo tiempo. Entornar los ojos por el sol que se filtra entre las ramas de los árboles sin hojas y por el humo que te rodea la cara. Ese mareo de los 16 con el tabaco.

¿Quién viene?

Mirando a nada, se da cuenta de que por el camino en pendiente que acaba de recorrer sube una figura. Entorna sus ojos de nuevo, pero en esta ocasión es para que sus ojos de miope ayudados por sus gafas le descarten una idea descabellada que le acaba de pasar por la cabeza. Exhala lentamente el humo de la última calada sin desviar su mirada del tipo que se va acercando y se queda con la boca abierta, exhalando nada.

El tipo también le mira y de vez en cuando vigila sus propios pasos en la subida, como si tuviese que asegurarse constantemente de que el terreno que pisa no se va a derrumbar. Sonríe según avanza. El chaval de 16 años sabe, está seguro de que la sonrisa es nerviosa. Del tipo «situación incómoda«.

No se oye otra cosa que el rumor lejano de la ciudad y un graznido de corneja tras el resoplido que el extraño ha soltado al detenerse frente al chaval. Se encorva y apoya las manos sobre sus rodillas, como si estuviese fatigado. Desde detrás de sus gafas mira con la misma sonrisa que le ha acompañado en la subida y habla al estupefacto chaval.

– Hola. – suelta con algo de temblor en la voz – Bueno… Ya sabes quien soy ¿no?.

El chaval asiente, hierático, con los ojos fuera de sus órbitas y con la boca cada vez más abierta al borde del desencaje de mandíbula. El recién llegado retoma la palabra.

– Yo, soy tú con 31 años.

[Continúa en » Un cigarrillo en el parque (Parte II)]

Confesiones crepusculares

Mírate. En el dedo índice derecho, antihemorroidal y en izquierdo, pomada antihongos, porque en la piscina o vaya-usted-a-saber-dónde se pilla cualquier cosa.

Te miras ambos índices después de lavarlos – porque no se deben mezclas ambas pomadas – y los rozas con sus respectivos pulgares. Además, hoy no te has tomado las pastillas y notas que la urticaria idiopática que va y viene vibra bajo tu piel. Si no rascas, no habrá habones… Si no rascas, no habrá habones…

Te giras y acaricias tus curvas, bueno, tu curva característica de hombre. Con el dedo índice del antihemorroidal escarbas en el profundo agujero de tu ombligo y sacas una pelusilla que tiras al water. Como el dedo huele tras su visita al centro de la barriga, te vuelves a lavar las manos con agua muy caliente. Te acuerdas de un documental sobre gente con manías, fobias y comportamientos compulsivos.

Tras lavarte los dientes, cierras el tubo del dentrífico – tubo que preocupantemente tiene el mismo color que la crema antihemorroidal – con esos dedos índices que no puedes dejar de mirar. Exhalas tu ahora fresco aliento al espejo y mantienes la boca abierta. Entre empastes, fundas, agujeros negros en las muelas y las que echas de menos crees que conseguirás pagar la educación universitaria a los cinco hijos del dentista gracias a la dentadura completa que te tendrán que poner antes de los 50.

Cara en herrumbre

Desde detrás de tus gafas ves que tu ojo izquierdo está irritado por culpa de las gramíneas a las que te has enfrentado esta tarde sólo por salir a la calle.

Observas que los pelos de las orejas te han vuelto a crecer más negros aún, si cabe. Te fijas en el entrecejo y ves que se ha repoblado a pesar de tus esfuerzos a coup de pinza. Y hablando de pelos, mañana habrá que afeitarse y ya estás viendo una cana nueva en la barba. Aunque en peores sitios pueden salir… Abres el armario para comprobar que sólo te queda una cuchilla nueva y que hay poca crema hidratante. Esa crema hidratante que dices a los demás que usas en lugar del after-shave, pero que relamente utilizas en cara y cuerpo como vulgar metrosexual, te afeites o no.

Cortas un trozo de papel higiénico y te suenas los mocos. Vuelves a cortar otro trozo de papel higiénico y vuelves a sonarte los mocos. Carraspeas y toses tres veces. Antes los catarros te duraban dos días. Ahora, dos semanas.

Cierras la puerta del baño y con paso quedo te acercas a tu dormitorio. Según abres la puerta estornudas violentamente tres veces seguidas. La ráfaga de aire frío que entra por la ventana que te dejaste este mediodía abierta ha podido con tus senos nasales. Con el pañuelo de papel menos acartonado que encuentras entre los miles que tienes en los bolsillos del albornoz que llevas puesto consigues detener el hilillo líquido de moco que tu nariz ha comenzado a segregar tras los estornudos.

Ya una vez tumbado en la cama, colirio para los ojos y un chute de spray nasal para cada fosa, por eso del ataque de las gramíneas invisibles. Miras la hora. Poco más de las 12. Preparas el desperador y te das cuenta de que estás cansado, pero no lo suficiente como para caer dormido en 2 minutos. Miras tus libros y revistas. Decides que mañana irás a la biblioteca de una vez para tener algo nuevo que leer mientras esperas al sueño.

Apagas la luz y miras al techo sin ver. Te preocupa sobremanera que no recuerdes qué has comido hoy. Cuando por fin te viene el recuerdo, te giras y cierras los ojos. Con una medio-sonrisa que no se ve, pero que tú sientes te dices: «Mañana, más y peor»

Estamous trabajandou en ellou…

Salud y trabajo, trabajo y vivir. ¿Vivimos para trabajar o trabajamos para vivir? ¿Alguna vez han sido lo mismo vividor y trabajador?
Habrá que irse a vivir al sur si tenemos que ganarnos la vida con el sudor de nuestra frente o tener una sauna en casa o ir con un neopreno de cuerpo presente por la calle en agosto a las 4 de la tarde. Cualquier cosa antes que trabajar.

áTranquilos todos! Seguimos vivos. No van a poder con nosotros. El estrés es un invento para justificar tu sueldo. Asalariados del mundo, dispersaos y escondeos, que no os encuentre el trabajo.

Sólo nos quedará la música:

Vacaciones en descompañía

A pesar de que yo aún no te conozco y que tú tampoco me conoces a mí ¿sabes lo que hubiese sido perfecto para esta tarde de vacaciones en esta ciudad extraña?… Que hubieses estado aquí. Sí, que a lo tonto hubiésemos comido de tapas sin pretenderlo. Que abrumados por los vapores del vino y la cerveza y por el empacho de los pequeños bocados nos hubiésemos vuelto a la pensión, con el sol picando en nuestros cuellos a pesar de ser ya finales de verano.

Nos hubiésemos tumbado no muy pegados para no sudar demasiado. En la tele podríamos haber visto un documental que hablaba sobre los pigmentos inocuos en la pintura hasta quedarnos dormidos. Al poco rato, nos hubiéramos despertado. Primero tú, sí. Me habrías besado en ese dulce momento del duermevela en el que la habitación ajena empieza a tomar forma dentro de mi cabeza. Sólo rozándome los labios.

A continuación, nos hubiéramos quitado la poca ropa que llevásemos puesta y podríamos haber espabilado al unísono echando un polvo suave y cariñoso. Al final, desnudos en la cama, abrazados y en silencio tendríamos calor. Te habrías levantado a ducharte y tapándome lo justo con la sábana hubiera zapeado durante un rato.

Habitacion de vacaciones

Podríamos haber ido a dar una vuelta ya refrescados y con el sol más bajo. Hubiéramos disfrutado sintiendo al uno cerca del otro descubriendo a la par con la vista y el oído esta ciudad desconocida.

Ya lo sabes, la perfección no existe y a ti no te encontré en la calle.

Ponferrada – 05.09.07

Banda Sonora recomendada:
Nadie me quiere x Los Enemigos + Raimundo Amador «Se Buscan Fulmontis» B.S.O. (1999).

*Se admiten correciones en los condicionales y subjuntivos. El reto ha sido duro para uno de la Ciudad Bravía.

De la serie Vagar no es de vagos en Sr.K, del lado sano de mi cabeza
[Ver serie completa]

VídeoTrayectos vol. I: Camiño Vigo 27.08.08

Tras un parón necesario para cuerpo y alma, comenzamos una nueva serie dentro de Sr.K:
VídeoTrayectos
Vídeos de momentos en viajes, excursiones y lugares notables

Son una serie de vídeos realizados en viajes, excursiones y visitas a lugares y sitios notables grabados y montados con un móvil. Sí, han leído bien, montados con un móvil de los que ofrecen por 30ââ??¬ los operadores de telefonía móvil en España. La tecnología es asombrosa y nos tenemos que aprovechar de ella. ¿Qué no?

La idea principal detrás de cada uno de estos VídeoTrayectos no es sólo hacer vídeos de vacaciones o documentales de sitios bonitos a baja calidad – ya que están grabados con un móvil, recuerden – si no ser vídeos que contengan imágenes y sonidos que transmitan momentos de un viaje, trayecto, excursión o visita. La idea de «grabar un recorrido» está tomada de Juan Crego, profesor (creo que aún en activo) de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad del País Vasco, que durante un curso nos inició en esta idea que se puede ver en este enlace.

Los vídeos, aunque cortados y rotulados cuando es necesario, se montan en orden secuencial según se han ido grabando – siempre que sea posible – y siempre con el sonido que recogió la cámara del móvil, aunque el propio aparato permita la inclusión de una banda sonora musical. Este quizá sea el mayor problema que tengan los vídeos de esta serie; su baja calidad de sonido y su volumen a veces imperceptible. Con práctica, se va mejorando, como se podrá apreciar durante la publicación de los VídeoTrayectos, que será en orden cronológico de realización.

A parte del sonido, los principales hándicaps con los que hay que enfrentarse son la capacidad de la tarjeta de memoria del móvil, la inestabilidad de un aparato tan pequeño de toma de vídeo, la rotulación con escasas opciones y el poder utilizar un número limitado de vídeos para configurar un vídeo montado, aunque esto se puede solucionar realizando premontajes, como se verá en alguno de los vídeos que se publicarán.

El montaje de los vídeos se intenta hacer al acabar o durante la unidad de tiempo – día completo, mañana, tarde, trayecto…– que se refleja en el VídeoTrayecto para respetar la idea de secuencialidad y seleccionar mejor los planos a montar al tener los momentos de grabación cercanos en el tiempo. Una vez hecho el montaje y guardado en la tarjeta de memoria nos olvidamos de él para desintoxicarnos de lo que hemos hecho y plantearnos el siguiente desde cero. Lo ideal sería poder subirlo directamente a internet y publicarlo, pero las tarifas de internet de los operadores de telefonía móvil en España son de todo menos baratas para algún pobre currante con ideas raras y un blog.

Aquí presentamos el primer VídeoTrayecto:

trayecto hasta vigo (españa) en tren – paisajes – señora vendiendo en el tren dulces de astorga (españa) – mensajes en el WC – peregrinos del camino de santiago – cosas – la ría de vigo – habitación y vistas – calles de vigo (españa) – telepredicador en TV

Sigan atentos a sus monitores, la frecuencia de actualización de Sr.K se va a acelerar. Pronto, mejoras en la visualización, siguiendo el estilo de brgs.es, ese gran y sencillo videoblog

Disfruten del viaje.

Una de romanos

Doméstica aplicada

Llegaba Julio César, el mismísimo Julio César, a su villa de las afueras de Roma tras varios años de campaña en las Galias sudoroso, sucio y cansado. Calpurnia Pisonis, su mujer de aquel entonces, no respondió a su «Ave!» y sólo le miró con frialdad y reproche.

Sosteniendo dignamente la mirada a Calpurnia, como sólo el mismísimo César podía hacer, contestó de viva voz a la mirada envenenada de su mujer.
– Cariño, ya sabes que sin sacrificio no hay victoria y sin victoria no hay laureles.
Su mujer, con gesto de sopresa, le replicó.
– Y tú… ¿para qué coño quieres laureles si no has cocinado en tu puta vida?

Banda Sonora recomendada:
Romanos x Los Feliz «Aleluya» (1998).