Sr.K es abandonado a su suerte por el desalmado de su autor. Cuídenlo.
De todas formas sabemos de buena tinta que el muy borrego acabará volviendo.
Aún no es multimillonario.
Del lado sano de mi cabeza
Sr.K es abandonado a su suerte por el desalmado de su autor. Cuídenlo.
De todas formas sabemos de buena tinta que el muy borrego acabará volviendo.
Aún no es multimillonario.
saliendo de hotel – desayuno – calles – plano – calles y gentes – san marcos – calles, muros y gentes – musac – contenedores – guarda-mochilas – señor – señora en foto – salas – sillas de plástico – WC – salas – instalaciones artísticas – dibujines graciosetes – boli en vídeo – esculturas chaposas – saca-mochilas – tienda – taza-pantone – insecto-mecánico – saliendo del musac – sede junta castilla y león – chimenea – calles – auditorio – san marcos – jardín con lector – ntra. sra. del rosario – estación feve – calles, paraguas y gentes – almuerzo de huevo frito – volviendo a hotel – saliendo (de nuevo) de hotel – san isidoro exteriores e interiores – letrones león – volviendo (definitivamente) a hotel
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Lo que prentenden ser los VídeoTrayectos se puede conocer en su primera publicación.
No es tontería. Puede ser banal, pero no tonto. También es educación de esa que ni se consigue a distancia ni viendo la tele. Saludar al entrar y al salir de los sitios es norma de cortesía y costumbre humana.
Entre vecinos urbanitas, al entrar al ascensor tenemos varias opciones: áHola!… Buenasss… Buenos días-tardes-noches… ¿Qué hay?… áHey!… áMmpff!… A continuación, podemos cultivar el folcórico subgénero literario del diálogo de ascensor o meternos en nuestra interpretación de vecino hosco y meditabundo que da vueltas y vueltas a las llaves y que sólo mira al suelo en lugar de a los ojos de la gente, que siempre mienten.
¿Y cuando suena el ahí va la despedidaaa al mismo tiempo que se abren las puertas? Pues, si usted es joven igual no dice nada, como ha hecho al entrar, o tal vez sentencie un «Adiós» amplificado por la percepción alterada que le brindan los auriculares incrustados en sus oídos. La gallarda juventud vive al día y no se preocupa por el mañana. El joven y/o la jóvena raras veces dicen el standard «áHasta logo!» del resto de los vecinos de variopintas pintas y edades.
También hay otro grupo de personas a las que no les gusta sentenciar y dejan la puerta abierta al reencuentro. Desean que el refrán arrieros somos y en el camino nos encontraremos se materialice día a día. Su despedida siempre es «Hasta mañana». Fíjense. Coincide con los de avanzada edad. ¿Casualidad? ¿Cada día que pasa es un día ganado al reloj?
Aunque en cuestiones de educación y urbanidad, y entre saludar y despedirse, el saludo es más banal que la despedida. El saludo es un invevitable gesto de que te han pillao. Sí. Cuando dos personas cruzan la mirada se produce un duelo al sol para a ver quien desenfunda más rápido. Pero, es un duelo a la inversa. Suele sentirse ganador el que no responde al saludo del otro. Aunque si la persona que ha saludado le da el mismo valor al saludo que a meterse el dedo en la nariz, el ganador pierde. Hasta en la guerra hay normas y si cada cual sigue las suyas nadie gana, sólo se acaba en tablas.
Para ir acabando empecemos por la despedida. La despedida marca más que los encuentros. Cuando alguien se va, porque es habitual y natural que la gente vaya y venga, nos gusta que nos sentencie un Adiós, nos ilusione con un Hasta Luego o nos rutinice con un Hasta Mañana. ¿Por qué? A nadie le gusta hablar al aire, la verdad. Cuando uno se gira y de repente se da cuenta de que alguien que estaba a su lado ya no está, se siente más estúpido que cuando no le devuelven el saludo. Despedirse de alguien es reconocer a ese alguien que no sólo ha estado de paso en la vida del otro.
En fin, los humanos cultivan la complicación, la confusión y los mensajes erráticos. Siempre encuentran miles de fórmulas de no-despedidas: irse sin avisar y dar por supuesto que alguien se enterará, comunicarse exclusivamente por email, tener siempre algo que hacer cuando alguien les llama, coger enfermedades tropicales, pedir desplazamientos imposibles para poder reunirse, cambiar de número de móvil, no coger el teléfono, no responder los sms, estar 5 minutos e irse diciendo «Hasta Luego»…
El saludo es una convención social por la que todo el mundo se preocupa en vida. La despedida es un deber con nuestras relaciones personales de la que sólo nos acordamos cuando la muerte aparece.
Que me la muerte me salve de la hora de las alabanzas y que me lleguen en vida.
Banda Sonora recomendada:
No mires a los ojos de la gente x Golpes Bajos «Golpes Bajos» (1983).
Dedicado a ti, perro que eres un perro, aunque en realidad sois varios y diferentes.
En estas fechas tan señaladas; versos estivales Sr.K. Ni refrescan, ni abanican, ni tienen estructura métrica decente, pero es que es verano áqué carajo!
áQué buena fiesta! áQué cachondeo!
áCómo lo pasan estos pendejos!
No saben que al trasnochar
hay que saber madrugar.
En corrales, como pienso,
es donde quieren estar.
No formar parte de ésto
que algunos llaman viajar.
La estulticia me rodea.
Bien de allende los mares
o de la cercana frontera.
Todos al cabo son
hijos de la misma perra.
No lo intenten en su casa. Háganlo en su lugar de vacaciones. Destrocen su habitación de hotel como rutilantes estrellas de rock.
Banda Sonora recomendada:
Te recuerdo que la última vez que te fuiste de farra con los compañeros de trabajo una de tus compañeras te dejó de hablar. A ver cuantos más se animan a hacer lo mismo a partir de esta noche.
Cita agorera sobre las situaciones que las fiestas de guardar y el trabajo generan.
Cita que se recuerda siempre con un «ya te lo dije» una vez acaba el periodo festivo.
Banda Sonora recomendada:
«Lo dije bien» x DelTonos – Ríen Mejor (1997)
Dedicado a esos+esa con los que da gusto trabajar ^_^d. El futuro es nuestro.
desayuno – andando – gatos – esculturas – andando – humo – pintadas – losas de servicio* – interior bus urbano – andando museo quiñones de león – parque de castrelos – auditorio de castrelos – corredora
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Y de regalo, otra forma de ver Vigo: Monte do Castro en 360ú.
*En lugar de alcantarillas, no casco vello de Vigo, hay losas de granito en el suelo que dan acceso a los servicios de la ciudad. El aro interior de cada argolla que se ve en el vídeo tiene grabado «saneamiento», «electricidad» y «telefonía» respectivamente.
El Finde, ese invento de tiempos en los que no existía el 4ú turno. Los usuarios de Mac en ocasiones lo confunden con el Finder, que es el equivalente al Explorador de Windows, pero cuando miran al reloj del ordenador y ven que dice sab o dom saben que el Finde está aquí y que el Finder está ahí.
Si el fin del ser llamado humano es ser feliz, este fin debe de ser algo parecido al Fin de Semana por el sentimiento de muchos cuando los viernes acaban su jornada laboral. Tiempo al tiempo. Por eso el Fin de Semana se ha convertido en el Finde. Todo el tiempo que se pueda aprovechar en el Finde es poco y en sms se optimiza en forma de fnd. Escupiendo latinajos – que se nos quedan entre los dientes – decimos que el tiempo es fugitivo. Atrasar el fin del Finde es un fin de por sí.
Nos rodean. Los Findes son legión, dense cuenta. El apretado Fin de Mes. El desconcertante Fin de Trayecto reiterado por megafonía. El etílico Fin de Curso. El frustrante Fin de Carrera para acabar en el paro. El extraño Fin de la Inocencia. El temido Fin del Mundo que suele ser colega de Fin de Los Tiempos. El cabalístico Fin de Siglo, etc.
Pero, el que más nos gusta es el fiestero – que no festivo – Fin de Año. Coincide siempre con el habitual Fin de Mes. A veces, es lo mismo que el Fin de Siglo o hace un combo especial con el más amado de los Findes, el Fin de Semana. Está claro, en Fin de Año, el populacho se lo pasa como Dios porque es que es el único Finde que es muchos al mismo tiempo.
Aprovechen sus Findes porque siempre después de un Finde hay un triste lunes y en particual el lunes del Fin de Año no existe. Como decíamos hace casi un año, es El Día Desaparecido.
Banda Sonora recomendada:
«El gran calambre final» x Los Enemigos – La Vida Mata (1990)
«áHala! áHasta el día uno!. Por Dios, que se haga largo, que se haga largo»*
* Señora montando en un coche en el que espera su marido la tarde de un viernes que, casualmente, es 14 de agosto.
Banda Sonora recomendada:
«Hasta el lunes» x Los Enemigos – La cuenta atrás (1991)
En Spotify: Los Enemigos – Hasta el lunes
Otros PequeRelatos: PequeRelato Nevado – PequeRelato lluvioso – «Entras» PequeRelato I
[continuación de Un cigarrillo en el parque (Parte I)]
Se recomienda leer la primera parte antes de comenzar con este texto
El de 31 se sienta al lado del asombrado chaval de 16 y dirige su mirada ausente, como recopilando información, hacia el horizonte.
No puede dejar de mirarle. Literalmente; ¡es mirarse a sí mismo con 15 años más! ¿De verdad tiene, bueno, tendrá ese aspecto?. Si se tocan, quizá surja una especie de paradoja espacio-temporal que los destruya a los dos…
De pronto, su yo de 31 años gira la cabeza y le mira directamente a los ojos. Baja entonces la mirada y tira el cigarrillo para disimular su incomodidad.
– Es raro esto ¿eh?. – apunta el yo visitante – Pensaba que te vería peor. Quiero decir, como más chaval, como más inmaduro, y la verdad que no estás nada mal, aunque se me hace raro lo de verte sin perilla. Los 16 años me sentaban muy bien, aunque no lo supiese ver. Manda cojones…
El más joven de los dos se siente más cómodo y confiado. El piropo casi le hace sonrojar. Responde.
– Gracias… supongo. – contesta mirando a la colilla que humea agónicamente en el suelo – Tú tampoco estás tan mal. La perilla te queda de puta madre. Yo te hacía con menos pelo…
El de 31 esboza una medio sonrisa y dirige, algo turbado, la mirada a su yo de 16 años.
– Sí, para ser un viejuno – parece que esta palabra hace gracia al de 16 y sonríe – intento cuidarme. Oye, me acuerdo de que te llama la atención eso de que a estas horas sólo haya viejos paseando por aquí ¿no? Como que eres un infiltrado entre las hordas de la tercera edad, je, je, je.
– Sí, je, je, je. Es que no hay ni una sola tía joven, bueno, ni tío tampoco… Es un poco raro.
– Pero, lo raro no está mal.
– Pues no, pero no sabes qué esperar de lo raro.
– ¿No es esa la gracia?
Ambos yoes descruzan sus miradas y dejan que el silencio pueble un poco la situación. La corneja vuelve a graznar. El mayor retoma la conversación.
– Sabes bien que soy un poco condescendiente con mis tiempos pasados. Siempre he visto a mis yoes del pasado como pringaos. – el chaval se gira y le mira cara a cara interrogante – Sí, me explico. Es lo de ver las cosas con perspectiva. Muchos problemas en realidad vistos de lejos son chorradas.
– ¿Me estás diciendo que todas mis comeduras de tarro, que ahora mismo supongo que conoces de sobra, son chorradas? – contesta molesto el yo menor.
– No, hombre, tranquilo. Lo que pasa es que así te demuestras que el tiempo no ha pasado en balde y que ahora eres más fuerte y sabes hacer mejor las cosas. Pero, de todas formas, a ti, en este momento te veo más inocente que pringao. Ya te digo que estás de puta madre. Años después he sido muchísimo más cobarde y amargao que lo que eres ahora.
– ¿Eso es un consejo?
– Pues no, no quiero aconsejarte. Sería absurdo. El continuo espacio-tiempo es inalterable, por mucho que nos joda. Yo soy tú y engañarse a uno mismo es de bobos y nosotros no lo somos. Sería como copiar en un examen.
– Eso que dices del espacio-tiempo – dice el de 16 con media sonrisa en la boca – es como todas esas cosas que tengo por ahí en la cabeza que me parecen geniales, pero que no salen y luego se me olvidan…
– Tampoco te esperes grandes avances en este aspecto. Ya te digo nunca vas a poder sacar de tu cabeza y hacer realidad todas esas conversaciones pendientes que tienes con tanta gente.
– Joder, qué cosas dices, macho. – suelta airado el de 16.
– No te digo nada que no sepas ya. – dice el de 31 clavando una mirada acusadora en el de 16 y que éste responde bajando la mirada – Piensa que a mí me jode más que a ti, que ya he pasado los 30 y aún sigo con esas.
El chaval se apoya con las manos en la mesa sobre la que está sentado y tensa sus brazos. El mayor baja la vista como si fuese a reflexionar sobre lo que acaba de decir.
– ¿Para qué has venido? – suelta precipitadamente y con voz trémula el joven – No estaré muerto ¿verdad?… Bueno, si tienes, tengo 31 años, es que por lo menos hasta los 31 llegaré…
– El que está muerto es Bruce Willis.
– ¿Qué? ¿Bruce Willis? ¿Qué coño…?
– Déjalo, – dice moviendo su mano derecha con desdén – es una chorrada.
El joven relaja su posición y se gira hacia el mayor.
– Y ¿cómo es el futuro?
El mayor mira con cierta dureza al joven y responde.
– Pues, básicamente, es mi presente. – el de 16 pone cara rara, aunque el de 31 continúa hablando – Pero, respondiendo a lo que de verdad quieres preguntar; en el futuro estás tú. Lo de la mujer, los hijos, el perro, la casa y el coche no existe. – hace una pequeña pausa – ¿Qué te parece?
– No sé. Raro ¿no? – replica mirando por encima de sus gafas a su yo del futuro.
– ¿No es esa la gracia? – dice el de 31 sonriendo victorioso.
Parece que el silencio resulta cómodo. Ambos miran a ningún lado pensando miles de cosas a la vez. El de 31 se frota las manos, gira la cabeza hacia su compañero, le mira brevemente y de un respingo se pone de pie frente a la mesa.
– Bueno, – dice abriendo sus manos en signo de resignación – creo que me tengo que ir. ¡Ven aquí y dame un abrazo, ariscoloscojones!
El de 16 mira atónito a su yo de 31 años.
– ¡Venga! – insiste el de 31 – Que no vamos a explotar ni nada parecido.
Desconfiando, aunque sea de él mismo, el joven se acerca y antes de que se dé cuenta ya está atrapado en un abrazo fraternal, cálido y fuerte. No dicen nada. Sólo se balancean y se frotan la espalda. Cuando se separan se dan cuenta de que se han emocionado. Sorben sus respectivos mocos y se pasan la mano por debajo de las gafas.
– Bueno, tío. Me piro. – acordándose de algo, mete su mano por dentro de su cazadora y saca un cigarrillo – Toma, fúmatelo a mi salud. ¡Un Lucky del futuro!
– Así que no lo he dejado. – responde el de 16 girando entre sus dedos el cigarrillo que acaba de recibir.
– Ni te lo has planteado. – levanta la mano y saluda – Nos vemos.
– Hasta luego.
El yo del futuro comienza a bajar el camino. De repente, el de 16 se acuerda de algo y grita.
– Oye, ¿me acordaré de esto?
El de 31 se gira y reflexiona un poco.
– Pues no lo sé. Yo es que es la primera vez que hago esto.
Banda Sonora recomendada:
«Real» x Los Enemigos – Gas (1996)
Estén atentos: no es lo mismo durar que permanecer. Tampoco es lo mismo permanecer que prevalecer. Affaires semánticos e interpretaciones variopintas aparte, ¿lo permanente es inalterable? ¿cómo se altera un impertérrito? No lo sé. «Yo sólo vine a comprar pan».
Intentando vislumbrar cuánto dura lo duradero nos podemos dar de morros con el «siempre» de toda la vida. Esperanzados e ilusos creemos que la garantía de nuestros actos, relaciones y quehaceres placenteros sobrepasa los dos años que por ley nuestro estado garantiza para el mundo popular, democrática y científicamente conocido como mundo realââ??¢.
La permanencia física no es la mejor muestra de la prevalencia de nuestras mejores relaciones. No por mucho salir amanece más temprano los domingos. Ni con el cambio de hora, sepan ustedes. Cuando compartir tiempo y espacio con alguien se debe a que uno no quiere desdecirse de lo que un día llamó «para siempre» o «yo siempre estaré allí», la permanencia por permanecer se convierte en un acto vacío. Existe pues un pacto de caballeros en el que ninguna de las dos partes dice que preferiría estar en otro sitio. Es que a los traidores se les fusila y eso da mucho miedo, dense cuenta.
Cuando «algo huele mal en Dinamarca» sus gentes se suelen acostumbrar al olor. Hacen como si no lo huelen, pero luego en el water, el lugar más íntimo de la sociedad occidental, se dejan llevar por las arcadas acumuladas durante toda una vida de mal olor. Así, nos encontramos con que lo único que realmente parece durar para siempre es el mal olor anejo a los ciudadanos, que hacen como si no les molestase, pero que tiemblan como Sr. Cabeza en el bol si tienen la más mínima sospecha de que alguien va a decirles que algo huele mal.
Así los impertérritos (en el cielo como en la tierra) aprietan los labios para no alterarse ante las obviedades que sólo son obvias para ellos, otros quieren que la garantía que acompaña a lo nuevo se extienda más allá de lo que la dura-lex manda. Donde no hay mata no hay patata y todos nos encontramos en la calle.
Un sponsorizado Bruce Lee decía lo de «Be water my friend». Lo permanente no es inalterable, es adaptable y de ahí su durabilidad. Lo único que hace falta es reconocer que todo cambia, fluye y se transforma. Cuando Dimamarca apesta quizá sea que el perro se ha cagado y que a nadie le apetece recoger sus heces. ¿Alguien ha visto mi kit recoge-caca de gran danés?
Banda Sonora recomendada: