La maestría de ser crítico coherentemente

Sería maravilloso que todo el mundo fuese coherente con lo que piensa… Bueno, mejor pensado, no. Si todo el mundo fuese coherente con lo que cree que piensa, se cometerían muchas más atrocidades de las que ya de por sí se cometen.

Imaginemos que un señor o señora, haciendo sus cábalas y silogismos mentales un día por la noche antes de dormir, se le ocurre que toda la gente con perilla merece su desprecio [áMalditos sean!]. Quién sabe… sus deducciones quizá partieron de un pelo de perilla que se encontró en su sopa de pelos púbicos.

En fin, ¿no es acaso una injusticia que este señor o señora desprecie a todos los perillanes por ser coherente con lo que piensa?

Coherencia animal

El absurdo nos rodea y por mucho menos un día se disparó una escoba. Dejando de lado el gran problema de exclusión social que sufren las personas con perilla, la coherencia no sólo es ser consecuente, exige cierto raciocinio.

Hubo una época en la que las escuelas contaban con maestros de coherencia y crítica. Sí señor. Aunque, claro, ninguno de ellos quería ejercer como maestro en coherencia y crítica porque hay que predicar con el ejemplo. Lo dejaron claro en su en su manifiesto contra la enseñanaza de coherencia y crítica: «La coherencia se aprende, no se enseña. Es completamente incoherente enseñar coherencia. Nos declaramos inútiles para la docencia y la ciudadanía»

Sin profesores de coherencia y crítica ¿Está perdida nuestra sociedad en la incoherencia? ¿Es sexy la perilla? … Yo creo que sí [a ambas preguntas].

Colgados por las paredes: ¿ Un meme?

Sin ser invitado explícitamente, pero sí (auto)incitado, a participar en este meme de la jovencísima BurgoSfera 2.0 expongo los cuadros que pueblan las paredes de mi espacio íntimo llamado casa-hogar-piso tal y como ya han hecho La Acequia, Blogófago y La VOZ de Gamonal, éstos últimos, como siempre, con su particular estilo.

Tríptico K

En correspondencia con La Acequia, no-incitador-iniciador del meme, comencemos con lo que hay en el cabecero de la piltra. Críticos en prácticas y críticos profesionales: no sean crueles. Este tríptico que vela los sueños de Sr.K es de factura propia. Los dos cuadros de los extremos son acrílico sobre tabla y el central es óleo sobre lienzo imprimado. En el principio, sólo existía el central y se llamaba «3 figuras«. Está realizado en 1997. Tras recuperalo del trastero y subir su categoría de trasto-ejercicio a cuadro-imagen, casi a finales de 2005 surgieron como idea sus acompañantes laterales femeninos. La calidad técnica no es buena, pero a cualquiera que haya visto un Mondrian a 10 centímetros de sus narices se le quita la vergüenza de haberse salido de la línea del dibujo o de tener un acabado chapucero.

El tríptico velador de los sueños de Sr.K tiene un sentido. Las tres figuras azules encajadas en rectángulos son el mismo personaje en tres actitudes diferentes marcadas por su cercanía a la figura femenina de la izquierda (frágil y tímida) o a la de la derecha (carnal y provocadora). Se podría interpretar que mientras la figura azul de la izquierda tiene una actitud de veneración, la de la derecha esta postrada, supeditada a la figura femenina de cabellos rojos al viento. En medio, vemos al personaje cabeza abajo, presionado por ambas condiciones de sí mismo.

Las grandes féminas luciendo atributos que completan los laterales del tríptico en forma de H son personajes sin rostro, conceptos femeninos a la postre. En contraposición, el personaje azul tiene identidad y se ve encajado como individuo por las ideas que le rodean.

En el salón de esta humilde morada, hay otros cuadros. Son de una serie de pinturas y dibujos llamada Bluesmen. La imagen que se puede apreciar a continuación es la obra cumbre de toda la serie. Tras este cuadro (óleo sobre lienzo imprimado) de 1998, los pinceles y las ideas para cuadros se colgaron hasta 2005, cuando surgieron las figuras femeninas del tríptico comentado anteriormente.

Bluesmen

Las imágenes y dibujos de esta serie, simplemente son una visión colorista y formal sobre el Blues electrificado de Club canalla y elegante de cualquier época. Sin estar colgado en las paredes, el cuadro que preside el salón está acompañado por su hermano pobre y primerizo:

Bluesman

Esta pintura al óleo sobre cartón (de caja marrón de las de toda la vida) tiene el honor de haber sido la primera, la originaria de la serie Bluesmen. Ambas conviven en armonía. Se llevan bien y ninguna envidia a la otra. Es más, se nota cierta admiración entre ellas.

En la casa del Sr. los cuadros no tienen marcos, como habrán podido apeciar. También, los marcos que pueblan el pasillo contienen posters y los posters de una de las habitaciones no son cuadros, por eso no aparecen ninguno de ellos en este meme.

… y ya van dos, y uno de ellos es de cinco.

Banda sonora recomendada:

  • «Oye nena, yo soy un artista» x Siniestro Total – «Así empiezan las peleas» (1997) Edición exclusiva Iberoamérica.

Bendita resaca de maldita lucidez

Bendita resaca de maldita lucidez. La percepción al límite. Oir como nunca el ruido constante y monótono que hace el silencio y no poder dejar de escucharlo porque la palpitación de detrás de los ojos que presiona hacia afuera no nos permite quedarnos dentro de nosotros mismos y olvidarnos de lo que nos rodea. Todo lo vemos, lo oímos, lo sentimos. Todo llega al lado sano – pero noqueado – de la cabeza monstruosamente vibrante. Los objetos, las personas son insultantemente nítidas. Quizá sea la luz de los domingos que resalta como ninguna los poros, los puntos negros y el pelo grasiento.

Sombras capilares

Qué gusto por lo sutil, lo leve, lo etéreo nos brinda la bendita resaca de maldita lucidez. Lo obvio, lo rotundo, lo pesado es una agresión. Nuestro entorno doméstico es amenazador. Ruido, ruido, ruido ¿cómo podemos vivir a diario con tanto ruido? Cómo gritan en la tele. Cómo chillan los vecinos. Y fuera nunca fue mejor. El cielo azul marino que hace unas horas mirábamos en compañía del trino de los pájaros cuando abríamos la puerta del portal ahora es de un azul tan pálido que duelen los ojos. Todo es tan exagerado fuera de casa. Tanto coche, tanto niño gritando por el parque, tanta velocidad alrededor… ¿nadie sabe que hoy es domingo?

No es genial, no es mejor. La bendita resaca de maldita lucidez simplemente, es. El regusto que deja en la boca no es accidental. Es un poso de lo que hicimos ayer. Tan amargo y tan dulce como nos dicte la maldita lucidez de las cosas a toro pasado.

Banda Sonora recomendada:

  • Hoy es domingo x Los toreros muertos «30 años de éxitos» (1986).
    http://www.seriezeta.com/k/recursos/musique/toreros.domingo.mp3

Como decía aquel: «la movida es el alcohol». Dedicado a los que ya no comparten resacas.

Lo que dura, dura

Estén atentos: no es lo mismo durar que permanecer. Tampoco es lo mismo permanecer que prevalecer. Affaires semánticos e interpretaciones variopintas aparte, ¿lo permanente es inalterable? ¿cómo se altera un impertérrito? No lo sé. «Yo sólo vine a comprar pan».

Intentando vislumbrar cuánto dura lo duradero nos podemos dar de morros con el «siempre» de toda la vida. Esperanzados e ilusos creemos que la garantía de nuestros actos, relaciones y quehaceres placenteros sobrepasa los dos años que por ley nuestro estado garantiza para el mundo popular, democrática y científicamente conocido como mundo realââ??¢.

La permanencia física no es la mejor muestra de la prevalencia de nuestras mejores relaciones. No por mucho salir amanece más temprano los domingos. Ni con el cambio de hora, sepan ustedes. Cuando compartir tiempo y espacio con alguien se debe a que uno no quiere desdecirse de lo que un día llamó «para siempre» o «yo siempre estaré allí», la permanencia por permanecer se convierte en un acto vacío. Existe pues un pacto de caballeros en el que ninguna de las dos partes dice que preferiría estar en otro sitio. Es que a los traidores se les fusila y eso da mucho miedo, dense cuenta.

Lo que dura, dura y lo que dura me da igual

Cuando «algo huele mal en Dinamarca» sus gentes se suelen acostumbrar al olor. Hacen como si no lo huelen, pero luego en el water, el lugar más íntimo de la sociedad occidental, se dejan llevar por las arcadas acumuladas durante toda una vida de mal olor. Así, nos encontramos con que lo único que realmente parece durar para siempre es el mal olor anejo a los ciudadanos, que hacen como si no les molestase, pero que tiemblan como Sr. Cabeza en el bol si tienen la más mínima sospecha de que alguien va a decirles que algo huele mal.

Así los impertérritos (en el cielo como en la tierra) aprietan los labios para no alterarse ante las obviedades que sólo son obvias para ellos, otros quieren que la garantía que acompaña a lo nuevo se extienda más allá de lo que la dura-lex manda. Donde no hay mata no hay patata y todos nos encontramos en la calle.

Un sponsorizado Bruce Lee decía lo de «Be water my friend». Lo permanente no es inalterable, es adaptable y de ahí su durabilidad. Lo único que hace falta es reconocer que todo cambia, fluye y se transforma. Cuando Dimamarca apesta quizá sea que el perro se ha cagado y que a nadie le apetece recoger sus heces. ¿Alguien ha visto mi kit recoge-caca de gran danés?

Banda Sonora recomendada:

  • Por un amor… x Siniestro Total «Popular, democrático y científico» (2005).
    http://www.seriezeta.com/k/recursos/musique/ST.popdemocien.amor.mp3

Blancos e impolutos

¿Qué será? Será el largo tiempo sin coincidir. O que está en mejores condiciones físicas y mentales. O que ha salido de una vaina y por eso está, pero no es.

Su sonrisa. Sí, ahí está. Ese fulgor que atrae y quema la mirada al mismo tiempo. Es eso. Blancura y perfección de incisivos a caninos. Oscuridad e irregularidad de premolares a molares – ¿debido a un dentista perezoso o muy caro?–. Es como mirar un bonito escote; tan inevitable como incorrecto. Pero mire usted que no son bonitos ni nada. ¿Y esa extraña sensación de estar hablando con un muñeco? La perfección no debería existir, sobre todo en protésica dental.

Ojazos, ja, ja

Algo se le nota en el habla. ¿Sisea? quizá. áNO!, no se tape usted la boca al sonreir porque tendrá que empezar a taparse la nariz. Hace un rato que es difícil dejar de admirar la armónica línea y las redonditas, a la par que graciosas, aletas de su nariz. Asúmalo, «cada uno es como Dios le hizo y algunos somos aún peor».

Banda Sonora recomendada:

  • Chusma x Siniestro Total «Sesión Vermú» (1997).
    http://www.seriezeta.com/k/recursos/musique/ST_Chusma.mp3

Olor a orín

En un intervalo corto de tiempo he coincidido con un señor de avanzada edad, con cojera renqueante, nada estilosa, como es la de House, y con un pegajoso olor a orín.

La primera vez, fue de espaldas y en el supermercado como inmediato cliente anterior a mí en la cola de la caja. Con respiraciones sonoras, metía torpemente en bolsas bricks de vino y latas de refresco de cola. Hábilmente, una vez abonada mi compra, me adelanté a él inhalando en profundidad su ácido aroma a orina. Repulsión y condescendencia fueron los sentimientos con los que salí del súper además de la sensación de oler yo mismo a orín. Sensación que me acompañó hasta la puerta de mi humilde morada.

Unos pocos días después, en una de esas visitas que todo hijo debemos a nuestros padres, coincidimos a la entrada del portal. Era reconocible a distancia por sus renqueantes movimientos al intentar abrir la puerta y por su característico olor. Iba a resultar que el señor del olor a orín era vecino de mis padres. «Tan lejos, tan cerca…». Sostuve la puerta desde desde detrás notando más profundamente su hedor. Como ya hiciera en el supermercado, me adelanté a él tras cerrar la puerta del portal sintiendo de nuevo el ya, a esas alturas, familiar olor pegado a mi cuerpo y a mi pituitaria.

*El Callejón del Pis, entre Laín Calvo y Huerto del Rey, Burgos D.F.

Tras subir los escalones que conducían a los ascensores, llegó la sorpresa. Al verlo de frente, mientras esperaba aguantando la puerta del ascensor, observé su ropa limpia (mejor planchada que la mía) y con buen gusto dentro de la moda para caballeros de cierta edad. Pero, lo que completó el desconcierto fue cuando habló y dijo algo del mal tiempo, influído sin duda por el ascensor con su puerta abierta, siempre deseoso de ser escenario de las conversaciones que llevan su apellido. Detuvo incluso su pesado andar y se apoyó sobre su bastón con solemnidad al comenzar a hablar. Su voz era clara y su mirada inteligente. Nada correspondía con la idea que comunicaba su olor a meados que aumentaba a cada paso que daba hacia mí. Fue una chispa de dignidad, como señor que era (y es, supongo). Chispa al fin, porque su olor nublaba al instante cualquier percepción benévola sobre su persona.

Compartí, hasta el segundo piso, el cubículo del ascensor y me empapé de su esencia úrea. Salió, renqueando de nuevo, a la oscuridad de detrás de la puerta del ascensor, que lo absorvió al instante. No se despidió, supongo que por mi inexistente réplica en la conversación de ascensor sobre el clima. Se fue, pero quedó su entidad. La esencia que perciben los que se cruzan con él. Hasta el sexto piso conviví con la condescendencia y repulsión que ya había sentido antes, pero ahora había una nueva invitada: la desazón. Aunque tampoco duró mucho, la verdad. El hedor no dejaba espacio a la lucidez.

En conclusión, siempre seremos lo que parecemos y, sólo a ratos, conseguiremos ser nosotros mismos.

Banda Sonora recomendada:

  • «Pelo de perro» x La Vacazul – «Pelo de perro» (1998).

*La fotografía que ilustra este texto es del callejón que comunica la Plaza Huerto del Rey con la Calle Laín Calvo en la ciudad bravía de Burgos. Es conocido en ciertos círculos como «El Callejón del Pis«, por ser el lugar donde los incontinenetes de sábado por la noche evacúan su orina. Característico por su penetrante olor los fines de semana.

Elementos de la espiral. Parte I: El caos y el mandar todo a tomar pol saco

Bonita forma la espiral. Expansiva, pero a la vez retraída. Si gira y gira, hasta hipnotiza a los habitantes de las películas de Serie B. Vórtice casero que nos atrae y repele sin ser imán ni muhaydín. Tengan ustedes en cuenta que es la atracción la que cohesiona. Sí, a nivel atómico y a nivel atónito, que no vayan ustedes a decir que no se les llena la boca cada vez que pueden hacer mención a «La Teoría del Caos» en cualquier ámbito doméstico.

Háganse cargo – una vez más – de que necesitamos darnos explicaciones. Pero, si las damos con bata blanca y con una pizarra detrás nos quedamos como más tranquilos. La Teoría del Caos nos dice que la cohesión, el sentido y la existencia en el tiempo de cualquier sistema se basa en la atracción hacia un punto, objetivo, persona, cosa o ente.

áAy! Con lo bien que estaríamos con nuestros sistemas estables, siempre tendiendo hacia la misma dirección y sentido de nuestras vidas. Pero, nos vamos de la olla como garbanzos entripados. De repente, desestabilizamos todo nuestro acogedor y tranquilito persosistema grupal porque no nos creemos eso de la balsa de aceite. Más que nada porque nunca hemos visto una, ni navegando ni en embarcaderos habituales. áHala! áA tomar pol saco todo! áCómo las liamos! áLo estable es una mierda! áViva la incertidumbre! ááViva!!

Agarrando

«Por un lado, existe un atractor por el que el sistema se ve atraído, pero a la vez, hay «fuerzas» que lo alejan de éste. De esa manera, el sistema permanece confinado en una zona de su espacio de estados, pero sin tender a un atractor fijo.» Wikipedia dixit.

No piensen que el caos es estar en medio de la nada o que acabe en destrucción total. El sistema se vuelve caótico cuando tras desestabilizarlo lo volvemos a estabilizar con nuestro buen o mal hacer. El caos es la montaña rusa con sus subidones y sus bajones, no los bajones en sí. El caos es desconcertante porque nunca sabemos cuándo estaremos bien y cuando estaremos mal. Pero, al menos sabemos que lo que es estar, estaremos. La única certeza de un sistema caótico es que siempre en su desarrollo en el tiempo tras una desestabilización llegará una estabilización. El caos es imprevisiblemente cíclico.

Y ¿qué opina la espiral de todo esto? Pues qué va a decir, la pobre; que sufre en silencio el caos. Que si una de las fuerzas que provoca el caos es la de mandar todo a tomar pol saco, la otra tiene que ser la firmeza. Sí, la firmeza. Háganle caso, que de esto las espirales saben un rato. Aunque lo veremos luego, que ahora le viene mal.

Banda Sonora recomendada:
«¿Por qué yo?» x Los Enemigos – Tras el último no va nadie (1994)

PequeRelato agostero – el excursionista reprochador

áAy! Zarza, zarza. ¿Tan rica es tu savia que la defiendes con espinas…

ááAumpf!!

hija de puta?

Banda Sonora recomendada:
«Naturaleza» x Siniestro Total – Siniestro Total II – El Regreso (1983)

En Spotify: Siniestro Total – Naturaleza

Otros PequeRelatos: PequeRelato agostero – Control del espacio-tiempoPequeRelato NevadoPequeRelato lluvioso«Entras» PequeRelato I

Ante todo, educación y urbanidad

Urbanidad en las ciudades. Educación en las escuelas. Y ante todo, mejor que ante nada. Pero, si hay alguien ahí fuera es que no vive ni en la ciudad ni en el campo. Quizá no tenga educación, pero tenga conocimientos enciclopédicos y tal vez sus circunstancias socioeconómicas le hayan privado de poder ir a un colegio privado (de pobres, normalmente).

Ante todo (que es uno) está nada. Frente a la urbanidad está la silvestralidad campestre. Al lado de la educación se encuentra la amabilidad. Aunque, bien mirado, los campechanos silvestres no-urbanitas son bastante más amables que los ciudadanos de colegio privado (de pobres) que pululan a velocidades supersónicas por las calles de las urbes de occidente.

Urbanidad en Gamonal R.I.

Curiosas paradojas, ¿serendipia quizá?. A ver si va a resultar que para tener educación hay que ser de campo… Incluso, la virtud de la urbanidad, interpretada como interacción correcta con el entorno social y natural en el que uno vive, luce por su presencia en la gente de campo. Pero, no todo el trigo es orégano ni todo el monte está limpio y mucho menos si hablamos de tierras, lindes y mojones.

Ante todo, la urbanidad del campo de personas educadas en colegios pobremente poblados es preferible a la arrogancia de los urbanitas con educación privada (de pobres) que habitan en las ciudades.