Tonto miedica, tonto

¿Qué es mejor, ser inteligente o que la gente te crea inteligente? ¿Ser o estar? ¿Tener o parecer? Según Antonivs Velasco (miembro de Los Electrones, esa banda gestacionaria granaína) los seres inteligentes son fríos y solitarios porque entre la chusma no encuentran «retos a su altura». Aunque nunca se excluyen del todo del menos-listo vulgo y nunca pretenden destruirlo. Respetan a los demás e intentan compartir con todos. Son observadores tenaces con una granja de hormigas que resultan ser humanos.

Todo el mundo tiene culo y todo el mundo se cree inteligente. ¿Por qué no? Siempre hay alguien más bajo, más feo o más tonto al lado del cual quedas mejor en la foto. A pesar de lo que digan, es muy fácil parecer mejor haciendo de menos. Los subterfugios y tretas necesarias para tal fin no requieren mucha capacidad intelectual. Que en la foto tengamos una cabeza más de altura que el resto se basa en empujar hacia abajo mientras nos ponemos de puntillas. Eso lo saben hasta las piedras y los movimientos tectónicos.

Si nos ponemos científicos, los tests de cociente intelectual (o cocido ilustrado) son el referente para marcar las diferencias entre los más y los menos inteligentes. Aunque claro, los que salen peor parados en estas pruebas dicen que no son lo suficientemente científicas porque tienen muchos conceptos culturales. Que una cosa es saber de muchas cosas y otra cosa es ser inteligente.

La ensoñación de la tontería produce monstruo

Es curioso. A pesar de todos los esfuerzos del ser humano por ser considerado inteligente no quiere ser listo. Es que los listos son unos listos. Se creen mejores que los demás y siempre están ahí a ver si pillan al resto en un renuncio para dejarles en ridículo. Siempre hablan de cosas que sólo saben ellos para que el resto no pueda participar, los muy taimados. Seguro que lo hacen aposta. Así, ¿cómo esperan que el resto de la gente les trate bien? No es plan lo de estar permanentemente pendiente de que no te dejen en ridículo.

Sin saber del internet, del arte y de películas también se puede ser inteligente. ¿No lo ven? Los grandes estrategas siempre han sido muy inteligentes. Para hacer un buen ataque hay que tener cabeza. Los grandes deportes se basan en la estrategia. Hay que saber, sí señor. Los listos mucho saben de cosas teóricas, sí, pero luego de cosas prácticas de a pie de calle nada.

áDios! que miedo me dan. Siempre ahí juzgándote, recordándote que eres tonto. Es que antes de hablar ya les ves que te miran como cuando miras a los monos. Pero, yo sé de estrategia inteligente y siempre la mejor defensa es un buen ataque, así que antes de que digan nada hostia en los morros, que es mi terreno. De eso sí que no tienen ni puta idea. Pringaos. Vais a llamar tonto a vuestra puta madre.

Banda Sonora recomendada:
«Tonto (como tú solo)» x Individuos – Mi casa en llamas (2007)

Sin ánimo de ofender, sino de apoyar, dedicado al webmaster de la web de Cucaña-NúI

Momentos, espacios y narices

¿Los espacios cambian?. Quizá sólo se reordenan. En la cabeza no se mueven. Están en su sitio, aunque en ocasiones los pies nos dicen lo contrario. Hay muchos lugares a los que simplemente llegamos. No recordamos el recorrido. A veces, ni recordamos hacia dónde nos dirigíamos una vez estamos en ellos.

Los hueles, no lo niegues. Haces como que vagas sin rumbo. Te mueves por calles angostas, luminosas, amplias y oscuras al mismo tiempo. Callejear, lo llaman. Todo se junta y el espacio ya no es un concepto en el tiempo. Se transforma en una sensación. Y entonces, llegas. Lo ves. Éste es el lugar. El sitio especial que el fondo estabas buscando.

Deslumbrante

¿Quién ha sido?. ¿La cabeza o los pies?. ¿Tal vez recuerdos de la conciencia colectiva?. Todos buscamos un lugar especial. Quizá todos los lugares que han sido especiales para alguien acaben siéndolo para alguien más. ¿Será que huelen a lo especial?. ¿A qué huelen los momentos especiales?. ¿Tiene nariz la conciencia colectiva?

BCN / El Raval – Bar Ovella Negra 01.06.09

Banda Sonora recomendada:
«Detener el tiempo» x Nacho Vegas – «El Manifiesto desastre» (2008).
http://www.seriezeta.com/k/recursos/musique/nacho_vegas.detener_el_tiempo.mp3

En Spotify: Nacho Vegas – Detener el tiempo

De la serie Vagar no es de vagos en Sr.K, del lado sano de mi cabeza
[Ver serie completa]

Una de romanos

Doméstica aplicada

Llegaba Julio César, el mismísimo Julio César, a su villa de las afueras de Roma tras varios años de campaña en las Galias sudoroso, sucio y cansado. Calpurnia Pisonis, su mujer de aquel entonces, no respondió a su «Ave!» y sólo le miró con frialdad y reproche.

Sosteniendo dignamente la mirada a Calpurnia, como sólo el mismísimo César podía hacer, contestó de viva voz a la mirada envenenada de su mujer.
– Cariño, ya sabes que sin sacrificio no hay victoria y sin victoria no hay laureles.
Su mujer, con gesto de sopresa, le replicó.
– Y tú… ¿para qué coño quieres laureles si no has cocinado en tu puta vida?

Banda Sonora recomendada:
Romanos x Los Feliz «Aleluya» (1998).

autorretretes.org, haciendo autorretratos en el W.C.

Señoras, señores, marcianos y venusianas…
Ayer de madrugada, nació el primer spin-off de Sr.K:

La idea que nació en Sr.K y que se originó allá por el 2005 ya es mayor de edad. Aún queda mucho camino por andar y muchos charcos que pisar. Tengo más de 400 autorretretes realizados y hasta ayer de madrugada sólo había podido publicar 11 autorretretes en autorretretes.org

Como decíamos ayer: el futuro es brillante. Larga vida al mundo autorretrete.

Además, autorretretes.org participa en el concurso Sin Formato 08, convocados por el Museo Patio Herreriano de Valladolid. Pulsen sobre este banner para dar su voto a autorretretes.org:

vota autorretretes.org en SinFormato 08

Ovejas, borregos y corderos

La noche es un lugar, más que un tiempo, en el que los comportamientos sociales de los seres llamados humanos toman matices animales. No se preocupen, no vamos a volver a hablar de los ciervos de barra, aunque ahora sea época de berrea en sus abrevaderos habituales, por la llegada del acortamiento de faldas y la crecida de escotes característicos en primavera. Hoy hablaremos de rediles y de los rebaños de personas que se socializan en estos entornos.

El espacio nocturno se divide en rediles en los que los rebaños se agrupan. Estos rebaños se suelen formar por cualquier tipo de acontecimiento rutinario o excepcional como puede ser el «ir a tomar un cacharro» o «quedar con los compañeros de trabajo«. Suelen ser hetereogéneos conteniendo varias tipologías humanas que podrían encajar, según estudios poco concienzudos y frívolos, en estas analogías animales:

Ovejas: No utilizado en sentido genérico, las ovejas serían las personas de género femenino que, en el fondo, generan el desplazamiento del grupo a través de la noche. Dentro de las ovejas están:

Ovejas Dominantes: Aquellas que reciben la atención del resto del rebaño en tono positivo (por parte de los miembros masculinos) y en tono negativo (por las componentes de sexo femenino). Suele ser sólo una dentro del grupo o como mucho dos.

Ovejas Gregarias: Rivalizan con las dominantes de maneras subrepticias. Generan momentos lúdicos y momentos bochornosos a la par.

Borregos: Dentro del género masculino, serían una burda imitación de las ovejas dominantes. Intentan relacionarse exclusivamente con las dominantes, pero las gregarias se lo impiden. Si muestran interés por las gregarias, siempre será para llegar a la dominante. Aunque entran y salen del grupo continuamente durante la noche, despistados por otros rebaños con más ovejas dominantes, los borregos siempre vuelven al redil. Son capaces de generar más de 20 litros de baba a la hora.

Corderos: A la sombra de los borregos, se relacionan sin excesiva pasión con las gregarias y con una increíble timidez con las dominantes. Son capaces de aguantar días sin dormir (como los borregos) para prolongar la noche con tal de conseguir estar el mayor tiempo posible en el mismo espacio físico con la oveja domintante del grupo, siempre acompañando a los borregos.

La noche hace cosas extrañas...

Y dirán que esta manía, tan extendida por cierto, de meter en cajitas y poner tags a las cosas y a la gente ¿a qué viene? A parte de dar un poco de rienda al lado sano de mi cabeza (como reza el encabezado de este blog), nos viene bien para hablar de la inestabilidad que recientemente hemos detectado en esta forma humana de relacionarse en la noche. ¿Qué ocurre cuando en el rebaño faltan los borregos? Ya sea por extinción (edad, cirrosis, matrimonio…) o por casualidades cósmicas esta ausencia cambia la estructura grupal.

Se produce el desamparo de la oveja dominante, tan hecha a estar en ojo del huracán, porque está rodeada exclusivamente de corderos y gregarias. Corderos, por un lado, que nunca en su vida se relacionarán directamente con la dominante por un sentido del ridículo exacebardo, ausente en los borregos. Por otro lado, las gregarias no tienen que estar pendientes de la dominante ni de los borregos. El protagonismo se reparte entre todos los miembros del rebaño provocando el desconcierto y la rabieta de la dominante, que no entiende cómo los corderos no se le acercan. Suele acabar la noche absorvida por los vapores alcohólicos y agarrada a alguno de los corderos, que ante la situación no es capaz de articular palabra ni acto, lo cual frustra aún más a la dominante.

Nunca se crean lo que ven. Siempre es lo que no parece. Ya lo dijo el Sr. Jesús: Los mansos dominaremos el mundo (o algo parecido).

Banda Sonora recomendada:

Bodysnatchers domésticos

Le pasó el otro día. Lo estaba observando desde la cocina sin querer. Sólo había ido a por un poco de leche al frigorífico para hacerse un descafeinado después de haber fregado la cena. Miró hacia el salón y de repente se preguntó «¿Quién es ése?». No podía dejar de mirarlo. Parecía tan viejo. Bueno, tan viejo no; tan diferente. Intentaba recordar su voz, pero se le hacía extraña. Como si no correspondiese a ese cuerpo que veía entre penumbras desde la cocina. Si justo en ese momento hubiese hablado pidiendo que le acercase una cerveza o unas galletas con su voz, con la voz que realmente debería pertenecer a ese cuerpo, se habría derrumbado en el suelo de la cocina. Le temblaban las piernas. Se dio cuenta de que no podía mover los brazos. Se imaginó desde fuera. La puerta del frigorífico abierta, una mueca extraña en la cara, una mirada congelada en los ojos, un brick de semidesnatada en la derecha y una taza granate con dos ojos y una sonrisa en la zurda. Impertérrita, estática, sin ir ni venir. El motor del refrigerador se acabada de poner en marcha para recuperar la temperatura.

Casi le dolió doblar sus articulaciones, girar el cuello y ayudarse de la mirada para servirse ese poquito de leche. Tuvo que esforzarse en no volver a mirar hacia el salón. El sonido de palabras initeligibles de la televisión, atenuado por las paredes del piso, era un canto de sirena. Era la presencia de ese extraño que acababa de descubrir a pocos metros de ella. Tuvo que volver a mirarlo mientras cerraba la puerta del frigorífico. Ya no sentía pánico. Imaginó que suspiraba, pero no lo hizo. Su cuerpo aún no se había dado cuenta de que el pánico había pasado y ya sólo quedaba vibrante desasosiego.

Otro cigarrillo. Desde el salón llegó el olor del tabaco que se intensificó y volvió más desagradable por la humedad de la cocina recién fregada. Luego volvería a pasar la fregona. Total, sólo había pisado con las zapatillas de felpa. Estaba de espaldas a la puerta de la cocina mientras miraba sin ver como la sonriente taza con ese poquito de leche giraba en el microondas. Su atención estaba a su espalda. Hipersensible a cualquier cambio de temperatura en el ambiente o a cualquier microcorriente de aire. Se sentía tan expuesta como un mafioso sentado de espaldas a la puerta principal de un restaurante. ¿Cuándo oíria a la Tommy? ¿En la primera ráfaga o no oiría nada en absoluto?. Lo que no oía era la campanilla del microondas. La luz seguía encendida y la taza girando y girando como una cosa tonta. Por imitacion incosciente, giró su cuello a izquierda y derecha notando algún ‘clack‘ en las cervicales. Con disimulo, como si de una espía se tratase, oteó de soslayo la puerta de la cocina. Seguía sonando la tele. La tele es el silencio del siglo XX. Una casa tranquila es una casa con la tele encendida. Una casa triste es una casa sin tele. áTING! áDios, qué susto! Se tapó la boca. Creía haber emitido un gritito.

Mujer en proceso de

Según caminaba por el pasillo que comunicaba el salón y la cocina, se confirmaba su primera y desasogante impresión. «¿Será la luz? ¿Quién es él?» Parecía imposible. Según se apoyó en el marco de la puerta del salón se imaginó a sí misma como en una película. Ahí, en medio del contraluz que la oscuridad del salón y la luminosidad de los halógenos del pasillo creaban. En bata, con la cadera ladeada, sólo un pie apoyado y los brazos cruzados mientras sostenía la taza de descafeinado caliente. Una postura condescendiente con él. Pose de mujer fatal del cine negro. Pose, nada más que pose. La ansiedad le iba comiendo por dentro cada vez que pensaba «y ahora ¿qué?». Sentarse a su lado en el sofá. ¿Quién era?. Compartir cama, despertarse, ¿tocarse? ¿por qué? ¿cuánto tiempo llevaba así, sin darse cuenta?

Sintió un escalofrío cuando se sentó a su lado en el sofá y un flasazo de pánico volvió cuando él le dedicó una distraída y afectuosa sonrisa antes de volver a centrar su atención en la tele. No recuerda que ponían, pero recuerda que esa noche fue la de los ojos como platos y el cuerpo entumecido al lado de él. También recuerda haber tenido antojo de vainas durante la cena y que sus acciones desde aquel día se volvieron casi automáticas, robóticas y faltas de voluntad.

Proyección recomendada: The Invasion of the Body Snatchers – 1956

Más que doble

Siempre, uno es más de lo que parece. Nunca llega a ser dos porque entonces deja de ser uno y pierde su identidad y razón de ser. Además, uno tiene su corazoncito y por naturaleza no lo comparte con cualquiera, sino consigo mismo.

áIdentifícate! áManifiéstate! ¿A quién llevas dentro, hijo mío? Quien fuera poli para tener claro qué es eso de la identidad…

Y todo para dar paso a este extraño corto de animación en el que el mismo personaje de los Autorretretes se busca así mismo y resulta que se encuentra.

Incorregible. ¿Quién se piensa que es este?

Para descargarlo a buena calidad de imagen y sonido pulsen [aquí]. Por cierto, es absolutamente necesario tener Quicktime instalado para poder ver el vídeo a excelente calidad.

No se lo tomen demasiado en serio, por su salud. áViva el vídeo-arte!… Manque pierda.

Fragmentos de terrazas I

Las palomas, las muy perras, se posan encima de las mesas de la terraza del bar. Una me mira inquisitiva como preguntándome «¿Qué coño haces aquí? ¿Quién te ha invitado?». Es cierto, ella estaba antes que yo y además la camarera no la espanta. También tendrá miedo de su mirada.

Yendo en paz

A dos mesas de distancia, un señor se sienta en la silla que hacía un rato había abandonado. La extraña señora de pelo excesivamente rojo vuelve a estar acompañada. El recién llegado comenta a su señora de pelo excesivamente rojo que «este sitio está muy bien» y que gracias a esta rezumante bondad del bar lo ha hecho a gusto. Momentos antes, tras pedir una «jeinéquen» a la amable camarera, confesaba a su señora de pelo excesivamente rojo que según le trajesen la cerveza se iba a ir a cagar.

Banda Sonora recomendada:
Silence (in this area) x Marlango «The electrical morning» (2007).

Más » Fragmentos de terrazas I, Fragmentos de terrazas II

Fragmentos de calorcito y terrrazas para días en los que parece que nunca amanece. Dedicado a todos los que se vuelven grises con la luz gris de este otoño invernal en domingos que no son ni domingos ni lunes.