No sé que te iba a decir…

Los que viven en la memoria

La puta la memoria que nos falta cuando más la necesitamos. Siempre la echamos en falta cuando le decimos que venga y no nos hace caso.

La muy silibina nos cuenta cosas que creemos ciertas, cuando sólo son mentiras para tenernos contenos.

Tan juguetona y cruel al mismo tiempo que nos hace recordar miles de datos inútiles y luego nos mantiene en vilo intentando recordar qué hemos comido hoy.

La muy desalmada nos deja más desamparados cuanto menos jóvenes somos. Siempre ha preferido los tiempos de gloriosa juventud que los de la modesta senectud.

Nos droga con melancolía hablándonos de tiempos pasados y de personas que no hemos vuelto a ver. Sólo lo hace por reirse de nuestra débil humanidad.

La puta la memoria a veces nos hace viajar en el tiempo y el espacio como geniales astronautas y nos devuelve al presente de manera abrupta mientras nos dice al oído: «eres un iluso».

Banda Sonora recomendada:
«Pensando no se llega a na» x Josele Santiago – Garabatos (2006)

VídeoTrayectos vol. III: Vigo + Samil + Cangas 29.08.08

andando – gente, lluvia y paraguas en vigo – el afilador – guay – ardilla – playa de samil – gaviotas – navegando hacia y desde cangas do morrazo* – galerna en vigo

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*Sí, ni se ve Cangas, pero ¿que no mola navegar?. Además, «yo ya fui, yo ya fui y menos mal que no llovía»

Por cierto, estimados visitantes terrestres y extraterrestres: exactamente hoy, 14 de septiembre Sr.K, del lado sano de mi cabeza cumple 2 años. En esta ocasión no hay reflexión profunda ni fastos fastuosos.

Siempre nos quedará la memoria, perdón, el archivo:
Primera entrada de Sr.K
Aviso del primer aniversario de Sr.K.

Gracias a todos, desgracias a los desgraciados y saludos a los que se han quedado por el camino.

Yonkis de lo extra-ordinario

Tanto goza el yonki de su droga como el vulgar vulgo se regocija en estas fechas tan señaladas. Es delizioso el ritual de búsqueda de una meta final, que tanto para el yonki como para la población occidental, es un éxtasis sensorial que dura lo que dura y lo que dura me da igual. Una vez pasado el subidón siempre queda la sensación de que de tanto esperarlo casi ni se ha podido disfrutar. Nacen voluntades de redención y se dice que para la próxima vez hay que hacerlo más grande, más largo y mejor. Meterse más en ello, en definitiva. Olvidarse de lo accesorio y lanzarse a conseguir el mejor cuelgue o la mejor nochebuena, nochevieja, despedida de soltero/a, boda, cumpleaños o concierto.

¿Piensa acaso el yonki que puede acabar rajado en la calle cada vez que se acerca al barrio de chabolas para pillar? ¿Es consciente el consumidor compulsivo de que las compras navideñas o las rebajas son peores para su corazón que tres bocadillos de panceta untada en sebo? Ninguno de los dos es consciente del riesgo. Son, respectivamente, súper-yonki y súper-señor o súper-señora. Nada ni nadie puede con ellos.

Papa Noel esta colgado

El premio que espera al final de la carrera merece la pena. Mientras, los que les rodean piensan «si dinero no habrá, pero para tonterías…» y hacen como que no se dan cuenta de que por mucho que lo intenten ni el súper-yonki ni el súper-señor ni la súper-señora conseguirán hacer su éxtasis anhelado mejor. Al final, sólo consiguen hacerlo diferente por mucho que se esfuercen en repetirlo.

Asúmanlo: Santa Teresa de Jesús sólo hubo una y era de Ã?vila a pesar de todo. Ni todos los abulenses son santos ni todos los santos tienen yemas. El éxtasis ya sólo es química y la felicidad de un tiempo a esta parte es un síndrome. El yonki nunca consigue el cuelgue imperecedero y no todos los días son Navidad. La sobredosis siempre es fatal porque la perra de la mano siempre se va. Vigilen su mano, pero déjenle siempre cerca el número de urgencias o al menos un sobre de Ã?lmax.

Como dicen los loteros: áSalud!

Banda Sonora recomendada:
Es Navidad x Los Acusicas del disco «Ha sido éste» (2004)

Simpatía por empatía

Una persona tan venerable como puede ser Eduard Punset hablaba hace unos días sobre la empatía entre los seres humanos. La empatía es en base la capacidad de ponerse en el lugar el otro y actuar teniendo en cuenta que lo que hagamos puede afectar tanto negativa como positivamente a la otra persona. Todos tenemos personas venerables a nuestro alrededor que respetamos y a veces hasta literalemente veneramos como un pupilo venera a su maestro. Las ideas y decisiones que esos venerables tengan nunca serán censuradas por nosotros, vulgares gusanos que caminamos a su lado. Como mucho, nos atreveremos a opinar sobre ellas, pero nunca las censuraremos. Juzgaremos, pero no condenaremos.

Estas respetables personas son capaces de escoger de entre el cornezuelo y el centeno y relacionarse con personas dignas de su honorabilidad. Es agradable comprobar que uno no es tan malo como se autoconvence cuando tiene entre su círculo de amistades a una de estas personas venerables. Pero, como siempre, hay peros. A veces, esta persona juciosa y respetable atrae a su círculo de gentes honorables a algún elemento extraño que no pega ni con cola. ¿Cómo puede arrimarse a alguien incoherente, egocéntrico y superficial? ¿Era mentira todo lo que creíamos del venerable hasta el momento? Realmente, ¿no será una persona respetable, sino un excelente actor?

Simpáticos empááticos

Cómo decirle. Cómo hacerle ver que esa persona incoherente no puede encajar en su círculo relacional y mucho menos con él o ella misma. Siempre queda la duda de que habrá algo más, que debajo de la superficialidad habrá honorabilidad y respeto. Y precisamente por eso, por respeto a nuestra persona venerable intentamos tratar al elemento extraño como uno más. Buscamos la empatía con el punto discordante. Pero, si no hay mata, no hay patata y sólo nos queda ser simpáticos ante su ausencia de profundidad. Simpatía por empatía con nuestra persona venerable en definitiva. ¿Nos obliga entonces a ser falsos el respeto hacia nuestra persona venerable? Qué conflicto de conceptos, pardiez.

Y es que todo viene porque somos humanos. Porque tenemos pulsiones que nos hacen tomar decisiones incongruentes en momentos de poca lucidez. Que no somos perfectos y los hechos puntuales mientras no sean rutina no nos convierten en malas personas. Ser venerable no es ser perfecto. De todas formas, al final todo vuelve a su ser. Apesadumbrada, nuestra persona venerada siempre acaba admitiendo que estaba equivocado/a y quería ver algo más en la otra persona, cuando sólo había de menos. El sexo y el cariño, en presencia y/o ausencia, vencen a nuestros valores morales e intelectuales y nos echamos a perder. Pero eso, es otra historia.

Banda Sonora recomendada:

  • «¿Por qué voy a tratarte bien?» x Los DelTonos – «Ríen mejor» (1996).

No jodas, casarnos…

No quiero. No sé. Es que así estamos bien. Bueno, nada es perfecto ¿no?… pero casarnos. No me tientes que me conozco mejor que a ti. Es que es un marrón: familia, restaurante, discoteca, viaje… áBuf! me agobio sólo de pensarlo.


Música NoNupcial [pulsar+escuchar+gozar]

¿No lo sabías? Agnóstico. Lo de Dios nunca lo he llevado muy bien. Me sentiría como escupiendo sobre la hostia. Los curas cuanto más lejos mejor. No, por la Iglesia, no. Como mucho por lo civil. ¿Soso? No sé. Mientras no nos case el alcalde…

De todas formas, ¿para qué? Nuestro compromiso no es como el del resto de la gente. No necesitamos gritarlo a los cuatro vientos. Es tan degradante eso de mi mujer. No, no quiero. No quiero empezar a llamarte mi mujer. Te puedo llamar mi pareja, mi persona especial, mi… no sé. Hay miles de formas bonitas y no-degradantes.

Pasito a pasito

La familia, la familia… Con ir todos los domingos a comer a casa de mi madre ya me vale. Así ya están contentos. Hombre, la abuela no está muy pallá… le haría ilusión, la verdad. A ver ¿tú quieres?… date cuenta que es un pequeño paso para hoy, pero un gran paso para la eternidad.

Yo es que ni me lo pienso. Casarse, a quién se le ocurre… ¿Dónde vas? áOye! ¿Ya estás llorando?… ¿Te has tomado el trankimazin hoy?… Claro, así estás como estás.

*Dedicado a los recién ocultamente casados*

Etiquetados, cajitas y envidia

El día que repartieron las etiquetas hubo alguno que se despistó y se quedó sin ninguna. Desde entonces, ese tipo de personajes vagan ubicuos, pero sin lugar donde estar porque hay muchos sitios en los que sin etiqueta no puedes entrar.

Quizá, su mayor problema sea relacionarse con los etiquetados. Suelen ser torpes sociales mirados con partes iguales de desconfianza y condescendencia por los que sí lucen etiqueta. Es complicado, compréndanlo. La misma inquietud que les hizo estar en otro lado mientras repatían las etiquetas es la que les hace ser rechazados por los etiquetados. No son capaces de ceñirse a la etiqueta del etiquetado con el que intentan relacionarse. La conversación no se ciñe a lo que se supone que uno debe pensar, decir y/o hacer según su etiqueta. En esos momentos, el nervioso etiquetado suele sacar su Dymo de emergencia para pegarle en la frente al sin-etiqueta una etiqueta de loco, irresponsable o antisocial. Por suerte para el sin-etiqueta, con el sudor del rubor por la violenta situación la etiqueta improvisada suele caerse al poco de ponerla.

Molde encajado

Pero, también tienen que relacionarse con los de las cajitas. Esos que además de las etiquetas que llevan pegadas por todo el cuerpo gustan de dormir en posición fetal dentro de cajas de cartón etiquetadas por ellos mismos. Son problemáticos de por sí, háganse cargo. Cuando no duermen increpan a cualquiera que pase a su lado, lleve etiqueta o no, con lo de «más te valdría buscarte una buena caja y echarte a dormir». Aunque son muchos, no suelen provocar grandes cambios en el devenir de los sin-etiqueta. Con sus cajitas, su movilidad se ve limitada a torpes saltitos que les fatigan enseguida. Caminando más rápido que ellos y buscando un camino alternativo, los sin-etiqueta suelen evitar enfrentamientos improductivos.

Así que resulta que los sin-etiqueta viven en conflicto todo el día. Vaya, pues lo llevan bien para vivir con tanto agobio. Se les suele ver sonreir. Las malas lenguas dicen que lo hacen para disimular lo mal que se sienten por dentro. Imaginense; si ustedes mismos tuvieran que vivir sin etiquetas o fuera de la cajita, ¿cómo podrían controlar el malestar y la ansiedad? Deben estar destrozados por dentro, los pobrecillos. Lo que tapa una etiqueta y lo que cubre una buena cajita de cartón no se puede dejar al descubierto así como así. ¿Tendrán frío los sin-etiqueta?

Banda Sonora recomendada:
Me gusta ser normal x Los Acusicas del disco «Yo maté a Kenedy» (2006)

VídeoTrayectos vol. VI: Fisterra + Santiago 01.09.08

viaje en autobús a fisterra – paisajes – fabla bárabara – andando – caballo – bici, coche y amazona a caballo – andando – cabo fisterra – el lagarto de fisterra – piernas – andando – fuente – playa desde el bus – escaleras mecánicas – italianos jugando al conejo de la suerte italiano na praza do obradoiro – relax – calcetines virtuales

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*Contenido extra de este VídeoTrayecto:

El Lagarto de Fisterra

Hay un lagarto gallego en el cabo de Fisterra que sabe gallego, castellano, inglés, francés y un poco de alemán. Vive entre las rocas, justo en la pendiente que va desde el faro al mar. Ese lugar en el que los pregrinos queman sus botas, o lo que tengan más a mano, al terminar su Camino en este fin de la tierra. Precisamente, esto del quemar cosas molesta un poco al Lagarto de Fisterra porque el fuego le acojona mucho, aunque los días de invierno echa de menos a algún peregrino que otro para que le caldee un poco el ambiente. Y es que en el cabo cuando le pega, le pega hasta tumbarte.

Le viene muy bien que además de los peregrinos lleguen turistas que se traen la comida de casa en lugar de irse de restaurante. Él se hace a todo: empanada, filetes, yogures, fruta… La fruta le gusta mucho y las peras le chiflan. Son tan dulces y tan fresquitas… Mientras no le dejen plásticos – que le raspan el paladar al entrar y que le dejan andares raros al salir – como le decía su madre, «es un jabalí». Come lo que sea y con quien sea.

Además, hace buena compañía. Si le ofreces parte de tu comida, se pondrá a tu lado a comer, siempre que no le toques las narices o hagas movimientos extraños. Es muy asustadizo desde pequeño. Cuando acabe, se relamerá mientras te mira y te acompañará hasta que te tomes el postre, por si se te ofrece algo más.

Los días que hace sol se posa en su piedra favorita y se deja llevar por la inmensidad del mar en Fisterra. Suspira de vez en cuando sintiéndose un don nadie ante el gran océano que le llena la vista y luego piensa que vive en un lugar que no está nada mal. Que «está de puta madre», como dice un coleguilla suyo del cabo de Cee.

Al anochecer, se siente guapo y calentorro cuando el inmenso sol rojizo se mezcla con su piel verde fosforito. Vuelve entoces a suspirar porque sabe que cada día es de los últimos europeos en dar las buenas noches al sol.

El faro le alumbra por las noches, aunque tampoco le sirve de mucho tener luz de noche porque en cuanto se pone el sol y refresca le entra una modorra… Es más, si tuviese ganas y subiese todas las noches al faro, se podría dar un festín diario de estúpidas polillas e irritantes mosquitos. Algún día lo ha pensado, pero él está bien abajo, con los turistas, los peregrinos y tal. Quizá alguna nochevieja se dé el homenaje y suba.

Tiene sueño pesado, pero los días de niebla odia a las malditas trompetas de la sirena del faro. Todo el día dando guerra y a un volumen brutal. Si eres lagarto y en lugar de orejas tienes agujeros, el sonido de sirena de niebla se te clava hasta la punta del rabo. Y que no se rompen las jodidas. De 1888 y aún sirven. En esos días se acuerda mucho de su colega del cabo de Cee, que tiene faro, pero no tiene sirena.

Aunque tampoco lo pasa tan mal. Conoce gente, degusta gastronomía internacional, no le cuesta trabajo tener la casa arreglada y todo el mundo dice que vive en un lugar único y mágico. El Lagarto de Fisterra manda saludos siempre a todos los conocidos de los que van al cabo para que también ellos se acerquen a hacerle una visita. Así que dense por saludados. Palabra de Lagarto.